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En este artículo se expone el rol que juega la evaluación en el desempeño docente actual. Se enfatiza la necesidad de evaluar el proceso para emitir juicios valorativos que permitan tomar desiciones y, así mejorar el proceso enseñanza-aprendizaje”
Se puede entender la evaluación educativa como un proceso
sistemático de recogida de información que implica la formulación de un
juicio de valor para la toma de decisiones orientada al perfeccionamiento
del acto didáctico y a la mejora de la calidad educativa. Así podemos
establecer el concepto de evaluación como un proceso continuo, sistemático y flexible que se orienta a seguir el proceso de desarrollo del
alumno y a la toma de las decisiones necesarias para adecuar el diseño y
desarrollo de nuestra acción educadora a las necesidades y logros
detectada a los alumnos en sus procesos de aprendizaje.
De esta definición, se puede deducir que la actividad educadora
contribuye de forma decisiva a la mejora de nuestra propia actividad
como educadores, pues hace posible la adaptación de los procesos de
enseñanza a los de desarrollo-aprendizaje.
Pero en esta definición, también se nombran unos adjetivos que son
descriptivos de la propia evaluación: continua, sistemática y flexible. A
nivel educativo de Ciclos Formativos, la evaluación con tales
características estrictas, cobra mayor importancia debido
fundamentalmente a que la mayoría de los alumnos, sobre todo en los
ciclos formativos de grado superior, están en activo laboralmente, por lo
que compaginar la presencia a clase de forma diaria con su trabajo,
normalmente es un problema. De esta forma, se nos exige a los profesores
tener en cuenta las circunstancias de cada individuo para que realmente,
al alumno se le pueda evaluar de forma continua, ordenada y flexible.
Cabe recordar que en el caso de Andalucía, en el ROF de cada centro, se puede establecer la pérdida del derecho a la evaluación continua para aquellos alumnos, cuyas faltas superen el 20% de horas lectivas; en Formación Profesional, este número de faltas conlleva la pérdida del derecho a evaluaciones parciales.
Para que el proceso de evaluación se pueda denominar de evaluación
continua ha de:
· Permitir la adaptación de los programas educativos a las
características psico-sociales del alumno y al contexto sociocultural
en el que se desarrolla, detectar cómo es la realidad educativa
(alumno, grupo-clase, centro educativo, etc) y conocer las causas
que inciden o pueden incidir en el éxito o fracaso académico del
alumno.
· No debe limitarse a una simple valoración de resultados, ya que
debe incidir en la acción en el aula, fundamentalmente en la parte
práctica de cada módulo profesional, y en los procesos educativos,
favorecer la mejora y la calidad de la enseñanza y aportar vías de
solución para los problemas que hoy tiene planteados la educación.
Es la suma del conjunto de relaciones entre objetivos, métodos,
modelo educativo, alumnos, docente, sociedad, etc.
· Reflejar la evaluación continua como un proceso en el que podemos
distinguir diferentes momentos: inicio, proceso-desarrollo y fin.
Además, la evaluación continua debe ser sistemática, aludiendo a la
necesidad de plantear la forma de seguimiento de acuerdo a un
plan previamente trazado, recogido en la programación de aula,que
deberá ser llevado con rigor.
El principio de flexibilidad se relaciona con la posibilidad de utilizar
en el proceso evaluador, y siempre en función de los objetivos
trazados y de las capacidades terminales que se pretendan alcanzar,
diversidad de técnicas e instrumentos de registro.
· Ser integradora, atendiendo a la necesidad de tener en cuenta el
logro de las capacidades terminales que el alumno debe adquirir en
cada módulo, pero siempre debe estar relacionada con las
capacidades terminales del resto de módulos que conforman el
ciclo formativo.
Los principales objetivos perseguidos con la evaluación son los siguientes:
- Conocer la situación de partida de los componentes que inciden en el
proceso.
- Facilitar la formación de un modelo de actuación adecuado al contexto,
en función de los datos anteriores.
- Detectar, de modo permanente, las dificultades que surjan durante el
desarrollo del modelo de actuación elegido.
- Regular el proceso de aplicación continua del modelo de actuación,
propiciando y facilitando la consecución de las metas previstas.
- Conocer, estudiar y reflexionar acerca de los resultados obtenidos al
final de periodo fijado para la implantación del modelo.
- Replantear el modelo de actuación, de acuerdo con la información
recogida y con su valoración y, consecuentemente, potenciar los
aspectos positivos y corregir los negativos.
En el proceso de evaluación debemos:
· Evaluar no sólo al alumno si no también al contexto social que lo
envuelve (variables aula, profesores, estudios anteriores, centro,
entorno, familia, vida laboral…).
· Evaluar sobre todo aprendizajes significativos y funcionales
transferibles a la vida real, ya que en Formación Profesional se
prepara al alumno hacia una meta profesional, en la que él seguirá siendo un sujeto activo en su aprendizaje en su lugar de trabajo.
· Evaluar no sólo objetivos, contenidos y adquisición de capacidades
terminales por parte de los alumnos, sino también nuestros propios
recursos y metodología.
· Evaluar no sólo conceptos, sino también procedimientos y
actitudes.
En definitiva, deben evaluarse los objetivos que propone el currículum
a través de la concreción y adaptación que de ellos se hace en el Proyecto
Curricular y en las Programaciones; éstas, además, de ser unas
herramientas imprescindibles en la labor del docente, actúan de guía para
el proceso de evaluación.
Los principales y más conocidos instrumentos y técnicas para conseguir
una evaluación global, amplia y continua son:
- La observación directa e indirecta, realizada de forma sistemática
garantiza mayor objetividad en la evaluación, pues nos permite captar
la evolución de los aprendizajes de los alumnos. Muy útil para
informarnos sobre motivaciones, intereses, progresos y dificultades de
los alumnos. La observación puede llevarse a efecto a través del
seguimiento de actividades estructuradas en un plan de trabajo dentro
o fuera del aula: trabajos de los alumnos, producciones de distinto tipo,
actitudes, etc.
- Entrevistas, ya sean más o menos formales, cuestionarios ( abiertos o
cerrados), etc. Ambas técnicas son adecuadas para conocer a través
de las respuestas de los alumnos sus motivaciones, intereses,
opiniones, entorno sociofamimiliar, razones de su comportamiento,
sus relaciones dentro del grupo, su autoimagen como estudiante, etc.
Para ser utilizado con provecho exige: la definición de sus objetivos, la
delimitación de la información que se piensa obtener y el registro de
los datos esenciales obtenidos.
- Pruebas, controles, exámenes, etc. Son los más adecuados para
comprobar rendimientos y evaluar contenidos. Hay diversos modos de
pruebas: escritas, orales, colectivas, individuales. Desde otro punto de
vista pueden ser: objetivas, de preguntas abiertas, exposición de un
tema... Este tipo de pruebas son necesarias a lo largo de todo el
proceso evaluador, y complementa tanto a la observación sistemática
como el análisis de tareas.
- Análisis de tareas. Analizando dichas tareas, tanto las de casa como
sobre todo las realizadas en clase, bien de forma individual o en grupo,
el profesor estará realizando una verdadera evaluación formativa ya
que detecta los progresos y dificultades de los alumno, observa cómo
se producen los aprendizajes y estrategias que utilizan, analiza errores
y ve lagunas o deficiencia en la metodología o actividades y sirve de
motivación, estímulo y continuo feedback de los alumnos. Especial
mención merece la entrega puntual de tareas.
- Autoevaluación del alumno. Supone una importante recogida de datos
respecto a la valoración que es capaz de hacer de sí mismo. Contrastar
las opiniones de los profesores con las del propio alumno puede ser
educativo y orientador.
- Documentos oficiales de evaluación; expediente académico, actas de
evaluación, libro de escolaridad, informe de evaluación individualizado,
libro de calificaciones.
- Instrumentos de registro del profesor o equipo. Escalas de estimación
(contenido de tipo procedimental y actitudinal); listas de control,
diarios de clase...
Cabe indicar que no todos los instrumentos de evaluación son igualmente adecuados ni para uno u otro tipo de contenidos, ya sea conceptual, procedimental o actitudinal; ni para todos los alumnos. Únicamente se puede utilizar de forma general al evaluar, que el alumno alcance las capacidades terminales.
Es muy importante el papel que desempeña el docente en la evaluación y por ello debe ser consciente de este hecho, puesto que a él le corresponde en gran parte la organización del aprendizaje. En su labor, la autoevaluación a través de la reflexión permanente sobre su práctica educativa adquiere gran importancia, puesto que permite identificar logros y deficiencias en sus ejecuciones profesionales, tales como:
Bibliografía:
• Vázquez Pérez, Luis María y Cabeza Valle, Juan. “ Programaciones
didácticas en la Formación Profesional Específica”. Fundación Ecoem.
2006.
• Ley Orgánica de Educación (LOE).
• Ley de Educación de Andalucía (LEA).
Fuente:
www.eduinnova.es