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El currículum de Educación Infantil es concebido, en esta obra, como la expresión racional y organizada de los elementos que integran el proceso educativo en este nivel. En este sentido, se trata de garantizar la consecución y cumplimiento de las finalidades de este sector del sistema educativo dedicado a la primera etapa infantil..
Estas finalidades responden a dos dimensiones básicas:
La dimensión individual: atención al desarrollo
integral de la persona, en tanto que constituye una unidad que actúa
de forma global e integrada.
La dimensión social: cobertura y cumplimiento, en
términos de respuestas, de las aspiraciones consideradas valiosas
en una comunidad.
El diseño del currículum se realiza tradicionalmente en función
de los objetivos (concreciones de las finalidades) que, a su vez, rigen los
criterios de selección de los contenidos. Ambos (objetivos y contenidos)
justifican unas actividades ajustadas a la normativa técnico-pedagógica
que inspira el propio desarrollo curricular, puesto en práctica a
través de unos agentes educativos, que actúan sobre sujetos
y poblaciones. Unos requisitos de evaluación, por último, permitirán
juzgar tanto el proceso como el resultado y aun el propio diseño curricular.
Pero todo diseño curricular, y previamente todo sistema educativo
o sector del mismo, descansa, claro está, sobre unos supuestos, conceptualizaciones
y modelos que es obligado en todos los casos explicitar.
El diseño práctico del currículum que ofrecemos pretende
ser una alternativa abierta, globalizadora y unitaria, capaz de generar proyectos
pedagógicos diferenciados, flexibles y apropiados a cada escuela y
a cada sujeto.
En este sentido hemos pretendido huir de parcialismos, formulaciones
genéricas, interpretaciones artificiosas..., lo mismo que de esquematismos
o superficialismos. Por esta razón el diseño curricular adopta
en esta obra, quizá, formas menos usuales y poco manejadas en el lenguaje
y en la práctica más corrientes, pero creemos que ajustadas
a la comprensión de los profesores, educadores y padres, que son quienes
tienen que concretarlo. Pretende ser, desde esta perspectiva, eminentemente
orientativo.
De otro lado, está concebido para responder a las exigencias del sujeto,
el niño y la niña del Segundo Ciclo de Educación Infantil,
y considerando a este nivel educativo con entidad en sí mismo. Está dirigido,
pues, fundamentalmente a satisfacer las necesidades del niño, en un
período evolutivo y de desarrollo específico, en nuestro tiempo
y en nuestro marco cultural. Creemos que respondiendo a este planteamiento
se cubre además la secundaria función preparatoria respecto
de la Educación Primaria, pero fundamental y esencialmente nos instalamos
en el ámbito de la Educación Infantil, para responder a las
exigencias que tal realidad tiene planteadas.
De entrada, y como cuestión fundamental, se aceptan las grandes finalidades
que la sociedad, y en concreto nuestras comunidades, tienen formuladas para
la educación, y que pueden organizarse alrededor de estos ejes, presentes
en el Diseño Curricular Base formulado por el MEC:
Los principios pedagógicos que sustentan nuestro modelo de desarrollo del currículum puedenconcretarse en los siguientes:
Al aplicar estos principios a la elaboración de la acción educativa, como propuesta de actividades para el sujeto, es necesario recordar que dicha acción educativa debe configurarse sobre la coherencia con los requerimientos:
Todas estas precisiones deben orientar y vertebrar el desarrollo
curricular y concretarse y encarnarse en la acción educativa; pero ésta
es dependiente -en su elaboración y gestión- de cada centro
o escuela; es decir, de cada colectivo, equipo, comunidad o maestro, según
los casos. Insistimos, pues, en que el desarrollo curricular aquí propuesto
es una guía para los educadores y, como tal, orientadora, suscitadora
y generadora de propuestas educativas específicas.
El punto de partida o concepción de base de todo el planteamiento
curricular es el de considerar a la persona -en nuestro caso el niño
/ la niña- como eje y foco central del currículum.
En este sentido, se parte de un concepto de persona definido
por los siguientes rasgos o atributos: unitaria, evolutiva, activa, organizadora
y propositiva.
Unitaria |
Integrada radicalmente; es decir, es una unidad total (estructural y funcional). |
Evolutiva |
Indeterminada e inacabada al
nacer, debe construirse y diferenciarse a lo largo de un proceso
complejo e integrado, a través de toda su existencia. |
Activa |
Elabora sus propuestas y decisiones. Es previsora de sus acciones; capaz de deliberar, seleccionar y decidir sus metas y actos. |
Organizadora |
Procesadora de información, transformadora de los aprendizajes
y dinámica en la interacción con el medio; ello le
permite ser «mediadora» y, a la vez, generadora de experiencias. |
Propositiva |
Capaz de elaborar sus propias
configuraciones. Autoconstructiva y autoestructurante, es una «organización
organizadora» (PIAGET). |
Es la radical unidad de la persona, que sustenta las demás características,
la que exige que toda la actividad educativa sea unitaria e integrada; es
decir, re-clama inexcusablemente que la actividad, el trabajo, la acción
educativa, sea glo-balizada, en el sentido de que:
Toda acción educativa debe responder a la unidad de la persona. No
hay, por tanto, en sentido estricto, educación parcial, concreta,
sectorial o dirigida tan sólo a alguna dimensión, sencillamente
porque la persona es «total e integrada» y como tal se manifiesta.
Así, cuando hablamos de alguna «educación específica» (por
ejemplo, educación intelectual, moral, etc.), nos referimos sólo
a que va dirigida de forma prioritaria a ese sector o aspecto, pero incluyendo
necesariamente a toda la persona.
La intervención educativa debe ser elaborada, en consecuencia,
teniendo en cuenta la globalidad de la propuesta, es decir, sabiendo que
va a afectar a toda la persona y no a una parte, sector o área.
• La actividad del sujeto es también global, en el sentido de
que todo él realiza la actividad y todo él es afectado por
su propio proceso y por el efecto o resultados de su propia conducta o actividad.
En este sentido, no se trata tanto de ofrecer «globalizaciones de las
actividades» (centros de interés, unidades motivadoras, núcleos
de necesidad, etc.) cuanto de actividades globalizadas o, lo que es lo mismo,
de acometer la acción educativa como comprensiva de toda la personalidad.
Ahora bien, la persona, desde su radical unidad, es capaz de
admitir múltiples manifestaciones, entendidas como expresiones, funciones
y vectores de la personalidad, sin que por ello se resienta su integridad.
Y es en este sentido como tomamos el concepto de «dimensiones educativas»;
o sea, como «vectores y funciones del hombre a los que se dirige la
acción educativa». Por eso, una concepción global del
hombre y de la educación es absolutamente compatible con la dimensionalización
metodológica y funcional, que permite la planificación y realización
de la acción educativa, requiriendo de ésta, claro está,
el que atienda adecuada, ordenada y equilibradamente a todas estas dimensiones,
para que tanto en el pro-ceso como en sus resultados estén integradas
siempre, consolidando y poten-ciando así la unidad personal.
Las dimensiones educativas son el eje de nuestro modelo de diseño
curricular.
¿Cuáles son estas dimensiones que configuran la personalidad
humana?
Desde una perspectiva funcional, estas dimensiones, concebidas
como sectores de la unidad personal, son el punto de origen que proponemos
para el desarrollo práctico del currículum de Educación
Infantil, precisamente para potenciar la integridad de la persona y disponer
de claves y pautas que permitan elaborar la acción educativa desde
los requerimientos de la globalización, garantizando así una
educación armónica, equilibrada e integrada.
La vinculación y la derivación de los «objetivos generales» de
la educación con los de las «dimensiones educativas» constituye
otra de las peculiaridades de nuestro modelo práctico de desarrollo
del currículum.
Los objetivos generales de la Educación Infantil se elaboran a partir
de dos instancias o ejes:
La integración de ambos vectores es decisiva para elaborar propuestas
educat-vas que respondan tanto a la exigencia del hombre como a las de la
comunidad en la que está inscrito. Es más, la integración
correcta también ayudará a proporcionar acciones educativas
congruentes por parte de los agentes, tanto personales (profesores, padres...)
como institucionales (escuela, familia, etc.), y aun por el propio clima
o contexto. Esta integración, por otro lado, es la que va a permitir
la construcción o elaboración de propuestas o acciones educativas
diferenciadas, de acuerdo a cómo sean las necesidades. Así,
por ejemplo, unas veces serán las situaciones sociales las que inviten
a intensificar una dimensión (por ejemplo, programas concretos de «educación
compensatoria» pueden subrayar los aprendizajes cognitivos, o los afectivos...);
en otras ocasiones podrá ser reclamada la prioridad de incrementar
una dimensión por la propia condición personal del su-jeto
(por ejemplo, en ciertos déficits congénitos puede ser relevante
una insistencia masiva en la estimulación sensorial...).
En todo caso, la prioridad de unas acciones educativas sobre
otras, o, lo que es lo mismo, la primacía de unas dimensiones sobre
las demás, es siempre coyuntural; es decir, vendrá reclamada
por las variables que confluyen en la acción educativa (personales,
contextuales, estado evolutivo, necesidades comunicativas), pero siempre
y en todo caso dirigidas a buscar o restablecer el equilibrio; es decir,
a resolver el problema u origen de las disarmonías.
De esta manera, los objetivos de la acción educativa se orientan al
desarrollo y potenciación de toda la persona, en todas sus dimensiones,
y quedan encarnados en la propia realidad del sujeto y en su contexto existencial.
Desde la perspectiva de la práctica escolar, la acción educativa
dirigida al logro de los objetivos de la Educación Infantil puede
estructurarse en ámbitos o áreas de experiencia diferentes.
Esto no significa una concepción de la realidad en compartimientos
o bloques diferenciados ni tampoco supone que la actividad del niño
haya de parcelarse en propuestas aisladas que se orienten hacia un único
aspecto, contenido o dimensión de la personalidad.
Al contrario, la función de las áreas consiste en facilitar
la integración de la acción educativa, potenciando el carácter
globalizador de lo que el niño hace y aprende, evitando la fragmentación
de los conocimientos y las experiencias infantiles y ayudando al docente
a sistematizar, planificar y desarrollar su propia actividad dentro del aula.
En este sentido cabe afirmar que ninguno de los objetivos contemplados
en las diferentes dimensiones educativas pertenece a una «sola» y «concreta» área
curricular, sino que aquellos se consiguen en el trabajo interrelacionado
que se efectúa en el conjunto de los diversos ámbitos.
Así pues, el papel de las áreas curriculares es el de ser «esquemas
organizadores» de la programación de la acción educativa,
que al estar concebidos como estructuras flexibles y ordenadas facilitan
tanto la acción del profesor como la propia actividad del sujeto.
Es este carácter de estructuras integradoras de los objetivos, contenidos,
metodologías, recursos... de la acción educativa el que con-viene
subrayar.
Las áreas de la Educación Infantil, como ámbitos en
los cuales se organizan las experiencias del escolar, deben concebirse -por
tanto- sin perder de vista el sentido de globalidad y de profunda interdependencia
que entre ellas se da.
Las áreas o ámbitos de experiencias que se establecen en el
currículum de Educación Infantil son tres:
Ahora bien, la concreción de los «contenidos» (hechos,
datos, lenguajes, procedimientos, normas, actitudes...) que configuran cada área
curricular se realiza a través de un proceso de «selección-elaboración
cultural», según las decisiones sociales de cada comunidad y
en cada época. Dicho de otra manera, cada comunidad y cada centro
educativo determinan, deciden en cada tiempo, qué «con-tenidos)
(es decir, «lo que hay que aprender»), con qué materiales», «según
qué funciones», qué es «prioritario» o «relevante» en
función de las finalidades, deseos, creencias, aspiraciones, etc.,
de cada momento histórico y de cada contexto geográfico y en
función de las características del grupo humano al que van
destinados.
Esta decisión social se ejerce a través de dos canales complementarios:
Una vez especificados los contenidos (conceptos, destrezas, lenguajes,
técnicas, hábitos, actitudes...) se organizan y vertebran en
las áreas curriculares para su operativización en la práctica
escolar. Se trata, en definitiva, de planificar todos los elementos que van
a permitir «trabajar» en la escuela sabiendo qué, para
qué, cómo... enseñar-aprender, atendiendo del modo más
eficaz y apropiado al desarrollo personal de cada alumno.
En nuestro modelo curricular, los contenidos referidos a cada área
o ámbito han sido además organizados, para mayor claridad
y facilidad, en varios programas o subáreas.
Así, el área de Identidad y Autonomía Personal incluye
tres programas diferentes:
El niño y su cuerpo. Atiende los aspectos relacionados con el conocimiento
del cuerpo, el desarrollo de las capacidades sensoriales, la formación
de hábitos básicos para la salud y el bienestar, así como
la creación de una actitud positiva hacia el cuidado del cuerpo.
Expresión psicomotriz. Integra prioritariamente todo lo relativo al
desarrollo del esquema corporal, el dominio psicomotor y la organización
espacial y temporal.
Desarrollo afectivo y socialización. Pretende cubrir fundamentalmente
el cono-cimiento de uno mismo, el descubrimiento de la intimidad, el desarrollo
afectivo del autocontrol, la potenciación de la toma de decisiones
y, al mismo tiempo, apoyar y orientar el proceso de socialización
como inserción progresiva, activa y crítica del individuo a
la comunidad.
El área del Medio Físico y Social aunque subdividida formalmente
en dos subprogramas, el primero dedicado al entorno social y el segundo al
medio natural, aglutina integradamente el mundo de las experiencias físicas
y la comprensión de la realidad social. Los conocimientos de ambas
instancias deben interpenetrarse para que la comprensión de los fenómenos
naturales sea proyectada sobre la realidad cultural y social que el hombre
va conquistando; y, a la vez, desde la instancia humana, interpretar y valorar
la realidad natural, justificando su uso, cuidado y protección.
El área de Comunicación y Representación es el ámbito
más amplio y diversificado. Comprende los siguientes programas:
A partir de esta fase, una vez definidas las áreas curriculares y
sus funciones, así como los programas que las integran, se hace necesario
que el diseño curricular ofrezca propuestas organizadas de actividades
que posibiliten la elaboración de programaciones de la acción
educativa tan diferenciadas y flexibles como sea posible, dada la variedad
de situaciones que pueden presentarse. Se trata ahora, por tanto, de «dar
cuerpo» de llenar de contenido las áreas curriculares.
Estas vertebraciones de propuestas de actividades han de incorporar
ejemplificaciones, orientaciones, repertorios de recursos, informaciones,
etc., que sobrepasando el nivel disciplinar permitan responder a:
Así pues, se trata de explicitar, con ayuda de criterios metodológicos,
los elementos relevantes que posibilitan la elaboración concreta,
específica, situacional y personal de la programación de la
acción educativa, que deben realizar los agentes educativos (maestros/maestras,
equipos...) porque se requiere partir en cada caso del análisis y
valoración de la situación social, cultural y pedagógica
en la que está instalado el sujeto y, por ello mismo, el proceso educativo.
En efecto, una función relevante del profesor es precisamente la de
preparar la actividad educativa, integrándola en el centro según
los requerimientos y condicionantes del grupo discente, del equipo docente
y de la comunidad a que pertenece. Se trata, en definitiva, de incardinar
el trabajo escolar en la concreta realidad del niño, lo que es en último
término garantizar la «identidad de la escuela» y dar
sentido y valor a la actividad diaria de maestros, niños y padres
que llamamos educación.
Ciertamente la actividad educativa es el auténtico eje, desde la perspectiva
funcional, del desarrollo práctico del currículum que presentamos,
hasta el punto de que todas las fases se justifican por y en ella. La actividad
es lo que tiene sentido para el niño, y por eso un «currículum
por actividades» hay que entenderlo en el sentido de estar fundamentado
y desarrollado en ellas, mediante la planificación de los más
variados recursos puestos al servicio de las finalidades educativas.
La actividad educativa está concebida como unidad de integración y desarrollo de experiencias, lo que significa que no toda «actividad» es por sí sola educat-va. No basta que sea generada por el sujeto, que resuelva una necesidad, que se vincule a los intereses del niño, etc., sino que además y fundamentalmente debe cumplir estos requisitos pedagógicos:
En este sentido, en el desarrollo práctico del currículum que
aquí se propone se potencian los usos de todas las «modalidades» de
trabajo: expresión, comunicación (utilizando todos los códigos
posibles), individual, cooperativo, grupal, de observación, manipulación,
experimentación, descubrimiento, imitación, puestas en acción,
repeticiones en diferentes contextos y situaciones, etc.
Con objeto de hacer la acción educativa más fluida, fácil
en la elaboración, sugestiva, de «más calidad»,
en definitiva, se pretende vehicularla y concretarla a través del
juego; es decir, tomando éste como recurso-eje-organizador del trabajo
escolar. De aquí que en las propuestas y ejemplos que se ofrecen,
se ha buscado un marcado acento lúdico.
¿Por qué tomar el juego como organizador o eje del trabajo
educativo? Es ésta una decisión que se justifica en base a
numerosísimas razones, fundamentadas en las notas características
del juego:
A modo de resumen de todo lo expuesto hasta aquí podemos concluir que la ENCICLOPEDIA DE LA EDUCACIóN INFANTIL presenta un diseño curricular basado en la persona, considerada en su radical unidad y atendiendo a todas sus manifestaciones y expresiones, cuyo recurso y eje organizador a la hora de la planificación y puesta en práctica de la acción educativa es la actividad-juego.
Fuente:
• Biblioteca de la Educación Infantil. EDUGUIA.NET