Perfeccionamiento, Capacitación y Actualización Docente


Financiamiento vìa franquicia SENCE y fondos Ley Sep

Escuela Verano
Cursos de capacitación y perfeccionamiento

Área Lenguaje


Área Matemáticas:


Área Planificación:


Área Evaluación:


Área Aprendizaje:


Área Educación Parvularia:


Área Gestión:


Área Convivencia Escolar:


Área Tecnológica:


planes y programas de estudio

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Documentos agrupados por secciones.
Otros sitios de Educrea.
Click para ir al sitio OTEC Educrea.
Click para ir al sitio Revista Educrea.
Click para ir al sitio Centro de Documentación Educrea.
Cursos financiado con recursos SEP
Click para ir al sitio Revista Educrea.
Click para ir al sitio Revista Educrea.

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Boletín Educrea

Inscribe acá tu correo para recibir nuestro noticias y novedades:

 

 

Para cada uno de nosotros, adultos, padres de familia, educadores responsables en un momento u otro de tomar decisiones importantes que puedan tener un impacto en el futuro de los niños de nuestros países respectivos, es importante estar profundamente convencidos de la importancia del juego.

La ludoteca y la importancia del juego en la vida del niño.

  1. Escrito por: Denisse Garón.

El derecho de jugar es una necesidad que los adultos no deberían nunca negociar o alterar. Jugar es  el trabajo del niño: una frase que oímos a menudo y muy tentadora para iniciar una conferencia. Pero les advierto, no me limitaré a citarla, sino que tengo la intención de explorar con ustedes, los significados concretos y las implicaciones más importantes de esta idea.

En mi calidad de educadora y psicopedagoga me preocupa el hecho de que un niño no juegue lo suficiente de manera espontánea durante los años preescolares.

Pero cuidado, me refiero aquí al placer de jugar por jugar... y no a la visión lúdica que trata de explotar de manera no pertinente las funciones educativas, pedagógicas y didácticas del juego. El adulto se aprovecha del interés lúdico espontáneo del niño, para orientarlo demasiado temprano hacia aprendizajes específicos. Por ejemplo, la industria del juguete propone muchas veces aprendizajes académicos con falsos pretextos lúdicos: pienso en particular en las series de alfabetos; en los juguetes con cifras asociadas a juegos de bloques, destinados a niños demasiado jóvenes. Ellos no están generalmente listos para este tipo de aprendizaje.

Si lo que queremos para el futuro son adultos motivados, activos, equilibrados, debemos dar a los niños de hoy, en todas las culturas, el derecho a jugar.

Y dicha convicción debe sobrepasar las palabras, las grandes declaraciones teóricas, para aplicarse en la vida diaria que compartimos de múltiples maneras con los niños. Aplicar estos principios puede tornarse exigente para nosotros, los adultos; esto requiere comprender todas sus implicaciones y consecuencias. En la vida diaria, jugar significa para el niño muchos placeres pequeños, y para el adulto, muchas concesiones pequeñas. Jugar puede traducirse en una necesidad, en un momento dado, de hacer ruido mientras el adulto quisiera lograr, por fin, una cierta calma y tranquilidad; jugar puede traducirse también en una necesidad de seguir corriendo y saltando, mientras el adulto se encuentra cansado; puede implicar una necesidad de explorar y descubrir, tomando riesgos mal evaluados; jugar puede significar una necesidad de lograr algún apoyo sin ser sobreprotegido, y puede significar una necesidad de que se atiendan sus peculiaridades, prendiendo, al mismo tiempo, los límites del respeto a los demás.

La ludoteca: Un espacio adaptado a las necesidades de jugar.

La ludoteca puede llegar a ser un espacio maravillosamente adaptado a todas estas necesidades. A menudo ignoradas u olvidadas por el mundo oficial de la educación, las ludotecas están a la búsqueda de una identidad. Centradas, a la vez, en las necesidades lúdicas del niño y preocupadas por democratizar el número de juegos y juguetes, las ludotecas tienen todavía dificultades, a veces, para presentarse como un recurso para la comunidad.

En las sociedades antiguas, la infancia se reducía a un corto período de insuficiencia física y de frágil dependencia. Muy temprano el niño se mezclaba con el mundo de los adultos y compartía sus trabajos y sus juegos. El niño aprendía mirando, al ver a los adultos. Los historiadores y psicólogos mencionan, de manera casi unánime, el desconocimiento generalizado que tienen numerosas culturas, de los primeros años de vida, así como la aparición tardía del sentimiento de infancia como nivel de conciencia, de las características que distinguen esencialmente al niño del adulto.

El niño de hoy adquirió en gran parte el derecho de ser diferente, adquirió el derecho de aprender a través del juego. Nuestra sociedad actual reconoce, al menos en principio y de modo todavía teórico, el derecho del niño al juego.

El derecho al juego.

A pesar del reconocimiento teórico de esta necesidad fundamental que tiene el niño, existen todavía en nuestras sociedades numerosas diferencias en la aplicación de este principio. Una primera situación de hecho, acentúa la distancia entre los verdaderos intereses lúdicos de los más pequeños y el ejercicio real de este derecho de la vida diaria. Muchas veces, debido al desconocimiento de las principales características del desarrollo del niño, numerosas familias ignoran la importancia de las actividades lúdicas en las primeras etapas evolutivas de la infancia.

Las ludotecas aparecen como una respuesta posible a las necesidades de la sociedad actual. Las ludotecas pueden prestar a los niños de todas las edades material lúdico, que se llevan como si fueran libros. Estas bibliotecas de juegos pueden también transformarse en autobuses llenos de juegos, en talleres de animación y de juego, con la ayuda de animadores especializados o con la ayuda de los padres de familia implicados en este movimiento.

A través de la ludoteca, se establecen nuevas relaciones, permite crear lazos entre personas diferentes. La ludoteca puede ayudar a todo un barrio a revivir. La ludoteca puede, por ello, de cierta manera, constituir un lugar de animación en la vida de la comunidad. A los niños mayores, les puede hacer comprender la solidaridad, la necesidad de compartir, la democratización de los juguetes, y la responsabilidad personal asociada a la utilización del objeto colectivo. La ludoteca permite al niño aprender a aceptar el peso de las reglas sociales y, por eso le ayuda a integrarse mejor.

No es fácil para los adultos que perdieron el sentido de su infancia, penetrar en el universo lúdico de sus hijos. La ludoteca puede contribuir a hacer revivir, por medio del juego, el círculo inmediato de la familia.

En la ludoteca, el adulto puede acompañar al niño de múltiples maneras, según el nivel de desarrollo y el interés del propio niño. De este modo, puede ayudarlo a escoger, puede dejarlo jugar sin intervenir; puede observar la actividad lúdica del niño y puede también animar actividades más específicas, narrar cuentos, a partir de los juegos o de los libros que le gustan al niño.

La presencia de familiares y adultos.

Sin duda, uno de los objetivos de la ludoteca es poner a disposición de los niños juegos y juguetes que por razones socioeconómicas no están a su alcance, pero también los padres se muestran mucho más satisfechos con las ludotecas, si pueden ser protagonistas más que usuarios. Los padres suelen mostrarse muy satisfechos en la mayoría de los casos. Una ludoteca facilita la presencia de familiares y adultos, que puedan contemplar como juegan. Aquí, en la ludoteca, los padres dependen mucho de los ludotecarios.

Si consideran a padres y niños solamente como usuarios, la valoración es menor. Por el contrario, cuanto más participan, más satisfechos se muestran con la ludoteca.

La ludoteca forma parte de este tipo de recursos que se desarrolló de múltiples maneras según las necesidades de los usuarios. Varias formas son maleables y pueden ser los objetos de una adaptación particular. Es necesario, primero, analizar y comprender bien las necesidades de los niños.

Algunos ejemplos de estas experiencias podrían servir de punto de referencia para desarrollar muchos recursos sencillos, pero bien adaptados. Existen varios tipos de ludotecas. A saber: las ludo-bibliotecas, los ludo-buses itinerantes, las ludotecas de barrio, las ludotecas con juego en el mismo lugar, las ludotecas para niños de la calle, las «lekotecas» para niños con deficiencias, las ludotecas móviles para niños nómadas, las ludotecas en medios hospitalarios, las ludotecas por vía postal, los «ludo-trenes» y los «ludo-barcos», las ludotecas de museos, las ludotecas que cuentan con la colaboración de los abuelos, las ludotecas que compensan la media jornada escolar y numerosas formas, todas muy pertinentes y originales.

El juego en situaciones de violencia y guerra.

Los niños reaccionan vivamente a su medio ambiente. A pesar de su gran capacidad de adaptación, el efecto acumulativo de las privaciones económicas, culturales y sociales puede llegar a ser desastroso. La pobreza de un medio físico y la dificultad de inserción del medio social pueden ser corregidos por lo menos en cierta medida con recursos compensatorios no formales. Cuando la infancia está interrumpida por la guerra o por explosiones de violencias sociables muy intensas, la capacidad de jugar está muchas veces atacada, y se hace importante el ayudar a ofrecer espacios de juego privilegiados y hasta, a veces, en condiciones extremas, ayudar a algunos niños a reaprender a jugar.

Recientemente se han llevado a cabo algunas experiencias en este sentido con niños palestinos en el centro de animación de Khan Younis, en Gaza, las cuales nos permiten comprender toda la importancia y la imperiosa necesidad del juego, particulamente en situaciones de violencia y de guerra.

Según observaciones hechas por los animadores palestinos que se capacitaron antes de la inauguración de la ludoteca de Khan Younis en 1993, el juego parecía haber desaparecido del universo de los niños en los territorios ocupados. Los niños no jugaban más que a la Intifada y se había vuelto muy difícil establecer la diferencia entre el juego y la realidad. Los niños jugaban de manera extremadamente violenta y hasta llegaban a maltratarse entre ellos durante sus juegos. Tras tirar piedras a los soldados en situación de guerra o en situación de juego parecía confundirse en la mente de estos jóvenes, fácilmente considerados por su familia como niños mártires o niños héroes.

En un medio ambiente de violencia permanente debida a la guerra o a situaciones socioeconómicas extremadamente serias, los niños están, como los adultos, obligados a luchar diariamente para defender su supervivencia; los puntos de referencia están borrados y el juego ya no cumple el papel esencial que permite socializar según reglas conocidas y aceptadas en una misma cultura: todo está dado la vuelta, ya que se debe sobrevivir con toda urgencia. Las fronteras de la vida, del sufrimiento y de la muerte ya no tienen el mismo significado; la moral y los valores positivos que intentan transmitir los adultos ya no pueden apoyarse en una realidad concreta. Poder contribuir a jugar en tiempos de guerra es un medio de preservar una salud mental sana a pesar de todo.

Sin tener que padecer en este momento las limitaciones que conllevan las situaciones de guerra, algunos barrios urbanos muy desfavorecidos tienen que encarar situaciones de extrema miseria. Poder seguir jugando, poder jugar a pesar de todo, es el primer elemento de supervivencia que hay que mantener en la vida de los niños socialmente perturbados. La ludoteca debe influir, en su medida y con los limitados recursos, en el modelo de la sociedad para favorecer espacios lúdicos para los niños.

Debemos respetar el universo del niño, alimentarlo con elementos de su cultura dándole siempre el derecho de jugar. A pesar del reconocimiento teórico de este derecho al juego, existen sociedades que aplican este principio de manera muy diferente.

En nuestras sociedades de abundancia, hay todavía muchos niños privados de juguetes, mientras que otros muchos están saturados de los mismos; la misión esencial de dichos juguetes es sustituir la presencia de los adultos. Por muchas razones legítimas, el adulto muchas veces se olvida de su propia infancia estando preocupado por su vida diaria, su supervivencia y su trabajo. Este olvido comprensible, pero cuestionable, de las principales características de la infancia, hace que el adulto empuje al niño a veces demasiado temprano hacia la edad adulta, olvidándose de que un niño feliz es un niño que puede vivir plenamente su infancia.

Todos tenemos buenos recuerdos de los principales juegos de nuestra infancia. Cualquiera que sea el juego o el medio particular donde nos hemos criado, todos tenemos un recuerdo de nuestro juego más lindo, del que jugábamos con nuestros padres, nuestros hermanos o nuestros amigos. Sin embargo, para nosotros los adultos, interpretar lo que significa jugar para un niño no es siempre fácil, porque esta interpretación varía de una persona a otra.

¿Trabajar o jugar? Ahí está la pregunta. Varias escuelas de psicología se confrontan. El único verdadero consenso es cuando rememoramos los juegos de nuestra infancia. Jugar por jugar es escoger libremente. La verdad es que este concepto es difícil de aplicar. A veces, el adulto interpreta como un juego una actividad que no es lúdica y otras veces no cree que el niño está jugando cuando en realidad lo está.

Dentro del marco proyecto «Una ludoteca para ti». Nos hemos reunido aquí para reflexionar sobre el juego, un derecho que, en realidad, no siempre respetamos. Como adultos responsables y conscientes, debemos tratar de sacar el mejor provecho de este tipo de servicio: las ludotecas constituyen lugares adaptados a la necesidad de jugar que tienen los niños. Esto no significa que el niño no deba respetar consignas y reglas de funcionamiento. Al contrario, en la ludoteca aprende el niño a respetar a los demás en un medio adaptado a sus necesidades. Pero, la ludoteca no es la escuela ni el kinder, ni tampoco es un jardín infantil.

Los juguetes y el placer de jugar.

La ludoteca puede revestir distintas formas porque es flexible en su misma concepción. Los juguetes no reemplazan el placer y la acción de jugar. Por muchos juguetes que tengamos en las ludotecas, no necesariamente jugarán los niños. Ellos acompañan el juego. Son accesorios del juego. En las ludotecas, se pueden prestar los objetos o se pueden utilizar en el mismo lugar y también se pueden fabricar.

Pero en realidad, ¿por qué importa tanto el juego? ¿No sería exagerado afirmar que jugar o no jugar puede ser una cuestión de vida o muerte? Sabemos que la capacidad de jugar es una muestra de enfermedad psíquica y hasta física. Los psicólogos hicieron este descubrimienbto hace años, después de la última guerra mundial, cuando se dedicaron a estudiar a los bebés y niños abandonados.

Pero esta mejor comprensión de la importancia del juego en las etapas del desarrollo del niño hubiera tenido que contribuir a modificar los enfoques educativos actuales. Las implicaciones prácticas de este tipo de filosofía asustan a más de un adulto; algunos adultos temen, de manera confusa, perder su poder de adulto sobre los niños o temen perder su privilegio de ser quienes todo lo saben frente a un niño aparentemente más autónomo o más activo.

Un niño más autónomo y activo.

El mundo de los adultos es un mundo de objetividad, un mundo que el niño se encuentra dado. Es el mundo de los objetos con sus cualidades permanentes y modos de uso, el mundo del lenguaje, de las concepciones e ideas lógicas, es el mundo de los adultos y de sus relaciones.

Podemos proporcionar tiempo y materiales que al niño permitan experimentar un mundo que él comprenda. El bebé está descubriendo que las cosas hacen ruido, se caen y que incluso siguen existiendo aunque desaparezcan de la vista. Observe a un niño pequeño explorar los objetos, la configuración, el color, el gusto y la textura, y habrá asistido a la experiencia de ver cómo aprende un niño. Los sentidos del olfato, la vista, el oído, el tacto y el gusto son las herramientas que el niño utiliza para comprobar, comparar y aprender.

El juego permite el contacto con el mundo.

El juego permite el contacto del niño con el mundo, el afinamiento de la coordinación motora, juego de fantasía, juego con amigos imaginarios, juego de construcción, juego colectivo, juego electrónico e informático, etc.

El juego siempre debe ser entretenido. La vida del niño, puede ser experimentando un cúmulo de variados y cautivadores juegos. Cuando se juega, no significa que se esté perdiendo el tiempo o que el tiempo transcurra libremente nada más. El juego es la forma fundamental en que los niños aprenden cosas sobre sí mismos y los demás. Es un aspecto básico de su desarrollo físico, emocional y cognitivo.

El niño moriría de hambre y de frío si los adultos no sostuvieran su vida. La satisfacción de las necesidades primarias es la condición fundamental de la vida del niño durante su infancia. Si el bebé no es bien alimentado, su salud empezará a fallar. Y lo mismo sucede con el desarrollo cognitivo. Si comparamos a dos bebés nacidos al mismo tiempo y dotados de un mismo potencial, a uno de los cuales se le ofrece un ambiente estimulante, mientras al otro se le deja durante horas, contemplando el techo, no tardaremos en observar una notable diferencia entre ambos.

Un niño a quien se hable, hablará en general bastante más que un niño al que no se le ha hablado, al igual que el juego es una de las habilidades que los niños aprenden en buena medida a través de la imitación. El desarrollo mental se parece mucho al su desarrollo físico. Si se alimenta bien a un bebé sano, lo más probable es que continúe creciendo. Cuando el niño juega, aprende, trabaja, reinventa para él, a su manera y a su ritmo, gran parte de las competencias que le permitirán acceder a todo el saber humano.

Según el psicólogo Piaget, las concepciones infantiles son diferentes de las del mundo adulto. El objeto y su denominación, la fantasía y la realidad, la mentira y la verdad son para el niño conceptos que no van separados con suficiente precisión. La situación lúdica no tiene limitaciones rigurosas. Piaget estimaba que el juego era una de las manifestaciones más brillantes de esa peculiaridad del pensamiento infantil situado entre los primeros meses y el pensamiento de los adultos.

El juego: elemento de transmición social de valores.

El juguete es un elemento estimulador del juego; es también, sin duda, un elemento de transmisión social de valores y modelos, y los mismos objetos de juego toman en el curso del desarrollo, nuevos significados. Por ejemplo, durante las primeras etapas de juego, el niño bañaba la muñeca, le daba de comer y la acostaba. Con el tiempo, aparecen modificaciones lúdicas; la conversión de la niña en mamá y de la muñeca en hija, da lugar a que los actos de bañar, dar de comer y preparar la comida se transformen en responsabilidades del niño. En esas acciones se manifiesta ahora la actividad de la madre y padre con el niño, su amor y su ternura; claro, que eso depende de las condiciones concretas de la vida del niño. Margaret Mead, esta famosa antropóloga, que describe la vida de los niños en la sociedad de pescadores primitivos de Melanesia, cuenta que, a los hijos de esta comunidad se les permite jugar días enteros, pero sus juegos recuerdan los juegos de ejercicios de los cachorros y gatitos pequeños. Mead pensaba que estos niños no encuentran en la vida de los mayores, modelos que los inciten a imitarlos. Recalca que los niños no encuentran en la organización social de los adultos modelos interesantes para sus juegos representativos.

También, porque los niños y las niñas juegan de diferentes maneras y buscan juguetes diferentes, se puede discutir si se trata de un hecho adquirido o cultural, o si, por el contrario se basa en las necesidades psicológicas, pero raramente se puede argumentar una condición genética. En este camino de comprensión y aceptación del propio sexo, se necesitan signos de identificación.

El juego, durante una etapa que puede ir desde los 7 hasta los 12 años, necesita tener referentes diferenciados por sexo. Pero si, por tradición, sólo damos muñecas y cocinas para las niñas y coches, tecnología y mecánica para los niños, estamos manteniendo un círculo cerrado.

Según el autor ruso, Daniel Elkonin, la importancia puramente didáctica del juego, el valor que éste tiene para adquirir nuevas nociones o formar nuevas aptitudes y facultades, es muy limitada. Así, por ejemplo, se puede organizar el juego a las tiendas con el fin de enseñar a los niños a utilizar el peso. Para ello se introducen en el juego una balanza y pesas reales para aprender a medir y pesar unos u otros objetos ejecutando por turno las funciones de vendedores y compradores. En estos juegos, claro que los niños pueden aprender a pesar, contar artículos por unidades y hasta hacer las cuentas y dar las vueltas.

Las observaciones demuestran que en el centro de la actividad de los niños están las operaciones con el peso y otras medidas, los cálculos, etc. Pero se relegan a un segundo plano las relaciones entre las personas en el proceso de la compraventa. Esto no quiere decir que Elkonin niegue la posibilidad de utilizar así el juego, pero al representar la actividad del chófer, del médico, del marino, del capitán, del vendedor, el niño no aprende de verdad ni a conducir un automóvil auténtico, ni a guisar comida verdadera, etc. Lo que importa principalmente es el placer de jugar.

La competición también tiene mucha fuerza en nuestra cultura. Los resultados de esos juegos extraordinariamente reglamentados, que llamamos «deportes», ocupan muchas páginas y secciones de los medios de comunicación, pues permiten al occidental identificarse con un vencedor o perdedor. Un juego o deporte competitivo puede animar mucho a un grupo, pero no nos aportará nada nuevo si no observamos atentamente qué ha sucedido principalmente en nosotros.

¡Jugar por el placer de jugar! Jugar con o sin juguetes, pero ¡poder jugar! Jugar para vivir la infancia como deberían hacerlo todos los niños de este planeta. Incluso si el juego no hace milagros, puede ayudar de manera sorprendente a echar raíces en la vida.

Sobre el autor:
• Denisse Garón,
Doctora en Psicopedagogía. Universidad Laval, Quebec.

Fuente:
 www.eduguia.net