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Al niño hay que educarlo desde que nace y continuar su formación a lo largo de toda su niñez, pues desde el momento del nacimiento está receptivo para inculcarle ciertos valores que lo formarán para la vida”
Al niño hay que educarlo desde que nace y continuar su formación a lo largo de toda su niñez, pues desde el momento del nacimiento está receptivo para inculcarle ciertos valores que lo formarán para la vida.
Educar bien a los hijos no significa conocer y utilizar muchas técnicas, sino poner la mejor intencionalidad en la actividad normal de la relación humana en el hogar.
Los niños están inmersos en un mundo en el que lo afectivo invade todo lo que lo rodea, por tanto padres y maestros deben conectarse con los niños, comprender claramente que ellos no son precisamente adultos de pequeña estatura.
La atmósfera familiar es el clima general de relación dentro del hogar, atmósfera que está determinada en su mayor parte por los valores de la familia. Un valor familiar es todo aquello que es importante para los padres.
Los valores son las normas de conducta y actitudes para un buen comportamiento. Hay valores fundamentales que todas las personas deben asumir para poder convivir unos con otros, por lo que es imperativo tenerlos siempre presentes y cumplirlos sin perjudicar a nadie.
Es lógico que los niños pequeños no viven los valores con el mismo grado de desarrollo que los adultos, pero durante los primeros años van aprendiendo, probando y tanteando cosas y van percibiendo lo que deben hacer y lo que no deben hacer.
En este proceso ven en otros niños lo que hacen bien o mal, pero sobre todo, ven en los adultos el claro ejemplo de lo correcto y quieren comportarse como ellos, es decir, ponen mucha atención al comportamiento de los mayores y los imitan.
Por lo anterior, los adultos pueden intentar enseñar ciertos valores con discursos, pero si sus hechos no son consecuentes con sus palabras los niños “escucharán” su comportamiento y aprenderán algo muy distinto a lo que pretenden esos adultos cercanos.
La adquisición de buenos valores depende de que el niño se sienta querido y seguro, de desarrollar un clima afectivo con los padres y de tener confianza en si mismo. Sobre una base de amor y seguridad aprenderá a interiorizarlos, se llenará de estos y aprenderá a vivirlos de la mejor manera siempre.
Para que los padres puedan inculcar los valores en los hijos deben conocer muy bien las características de las etapas por las que pasan los niños y adolescentes, pues esto no solo ayuda a conocerlos más y a comprenderlos, sino que también permite orientarlos mejor, apoyándose en los rasgos dominantes de cada edad, en sus intereses y comportamientos para acompañarlos, sin angustiarse por los errores cometidos, ni sentirse totalmente responsables por los errores de los hijos.
Para ello es necesario utilizar un modelo de crianza que incluya unas rutinas tendientes a la formación de hábitos para que cuando el niño crezca los convierta en valores que formen parte de su manera de ser.
Se analizarán algunos valores que son fundamentales en la convivencia:
El trabajo constante de los padres y adultos significativos para los niños y adolescentes por inculcar ciertos valores en los hijos es fundamental. Si se es firme en este proceso hay mayor probabilidad de lograr que estos valores se conviertan en virtudes, definiendo estas como hábitos buenos que perfeccionan al hombre.
El aprendizaje de unos valores va llevando al aprendizaje de otros, en razón de su interdependencia. Así, la responsabilidad lleva al orden, la sinceridad a la sobriedad, el respeto a la piedad y la voluntad a la templanza.
Para no olvidar:
» Los niños necesitan el buen ejemplo de sus padres y maestros y, en general, de todos sus adultos significativos
» La educación en valores exige continuidad, pues se inculcan por medio del quehacer del día a día
» El amor a los hijos hay que demostrarlo mediante los abrazos, las palabras, los hechos: para un niño o adolescente no es suficiente saber que lo quieren, es necesario sentir que es querido. De este modo, niños y adolescentes pueden dar de lo que tienen
» Los hijos se deben aceptar como son, acompañándolos respetuosamente a que expresen sus cualidades y limitaciones
» Los niños y adolescentes necesitan hacerse resilientes, esto es, estar dispuestos a aceptar los retos y a resolverlos, pero siempre con orientación y acompañamiento de los adultos significativos
Fuente: www.udea.edu.co
Bibliografía:
• Debesse. M. Las etapas de la educación. Buenos Aires: Nova; 1967.
• Hospital Pablo Tobón Uribe. Antología de valores y del crecimiento humano. Medellín: HPTU; 1998.
• Jordán B. Tus hijos de 1 a 3 años. 5ª ed. Madrid: Palabra; 1996.
• Ramírez H. Formación en valores. En: Gómez JF, Posada Á, Ramírez H. Puericultura el Arte de la Crianza. Bogotá: Editorial Médica Panamericana; 2000: 101-108.