Financiamiento vía franquicia SENCE y fondos Ley Sep



Inscribe acá tu correo para recibir nuestro noticias y novedades:
La preocupación por buscar modelos, estrategias y técnicas enfocadas a la educación de los valores es relativamente reciente. Con una visión humanista, se está introduciendo, formal y sistemáticamente, en la enseñanza para formar integralmente a nuestros niños y jóvenes y convertir la educación en valores, más que en una aspiración educativa, en una realidad sustentada en planteamientos teóricoprácticos significativos para los estudiantes en la tercera etapa de Educación Básica y en el Liceo Bolivariano. Las estrategias didácticas reseñadas en este trabajo así como la posibilidad de evaluar su aplicación abren al docente un abanico metodológico que le permite tomar decisiones para cristalizar un modelo educativo en valores tan necesario en los tiempos que transcurren y por venir”.
Las características de la actual sociedad y su incidencia en la educación plantean grandes retos al docente y a las instituciones educativas que pretenden competir en un mercado tan amplio como es el sistema educativo, el cual se ve bombardeado por las nuevas tecnologías, el reto de ser cada día más eficiente y eficaz sin dejar atrás el desarrollo humano, por ello en la actualidad se ha convertido en una necesidad el hecho de que las instituciones educativas lleven a cabo una acertada formación integral, a cargo de un docente comprometido y claro de su rol. Al respecto refiere Ramos (1997): cuando el docente, como persona y educador, se percata de la gran misión que tiene entre sus manos, la educación adquiere una nueva connotación y es cuando toma un nuevo sentido, éste se considera con una misión a cumplir, se acaban los discursos y se comparten las propias vivencias.
En este sentido, constituye un hecho positivo que la educación en Venezuela esté viviendo una etapa de transformaciones profundas originadas con el Currículo Básico Nacional (1997) enmarcadas en las diferentes funciones que ejerce el educador, quien como un ente auténtico y con vocación de servicio, debe ejercer su función formadora con miras a garantizar la formación de valores. Se debe tomar en cuenta que uno de los grandes avances introducidos en la reforma curricular lo constituye el gran sentido humanístico que subyace en educar para la vida. Tanto en la base filosófica, como en la psicológica y pedagógica del Currículo Básico Nacional ya citado, se asume el ser de la persona como una dimensión que se debe atender. Se plantea que el proceso de aprendizaje en la escuela debe estar dirigido no sólo al desarrollo del saber del alumno (conocer), o al desarrollo de habilidades y destrezas (hacer); sino también al desarrollo del espíritu, la afectividad, la voluntad, la motivación (ser). El ser es definido como un espíritu que impulsa a la persona a intuir, pensar,tener motivaciones, emociones y voluntad; desde que la persona nace, se inicia su desarrollo socio afectivo y moral como procesos que se construyen en la interacción con el mundo.
De igual forma, en el Currículo Básico Nacional
antes expuesto, se propone en su base pedagógica
atender y orientar su desarrollo a través del Eje
Transversal Valores, el cual es un reto histórico
para recuperar el pensamiento humanístico que
se puede resumir en la integración del proceso
de enseñanza aprendizaje a la base de un sistema
de valores compartidos sobre los cuales construir
la propia vida y el entramado social en el que
podamos descubrir y redimensionar la existencia
abriendo horizontes, construyendo nuestros
proyectos de vida, los cuales impregnan de un
carácter globalizador el proceso de aprendizaje
del alumno.
Desde esta perspectiva, se piensa en un docente competente para seleccionar, elegir, elaborar y tomar decisiones en cuanto a las estrategias a utilizar de modo que proporcionen a los alumnos oportunidades de promover ricas experiencias para facilitar la educación en valores. Como dice Pérez (1999) “las estrategias docentes permiten organizar y desarrollar las actividades de los educandos y del grupo en general para lograr los objetivos propuestos” (p.23). Así, se infiere que el docente no sólo debe usar un sin fin de estrategias para facilitar la educación en valores en sus alumnos sino que también debe capacitarse para lograr óptimos niveles de conocimientos en relación a los valores y las estrategias didácticas a utilizar.
Ante la importancia vital de lo antes expresado surge la siguiente interrogante: ¿Es la educación en valores una mera aspiración educativa o puede ser una realidad formativa para los jóvenes de hoy?
La respuesta no es simple pero se pudiera
decir que en la actualidad se apela a la educación
en valores como vía para lograr una nueva
conciencia moral que, de ser bien asumida,
pudiera generar nuevas conductas sociales de
convivencia armoniosa bajo una concepción
de educación integral. Es este planteamiento
lo que lleva a considerar que la educación en
valores puede pasar de ser una aspiración social a
convertirse en una realidad concreta mediante la
vinculación entre los contenidos curriculares, los
valores humanos y la implantación de un proceso
educativo armónico con el apoyo de instituciones
educativas comprometidas para llevar a cabo
dicha propuesta. Como lo señalan en los Aspectos
Propositivos del Proyecto Educativo Nacional
(2001):
Los contenidos curriculares deben
estar orientados hacia la vinculación y
desarrollo de las verdaderas aptitudes
y habilidades del alumno, en términos
del ser, saber, saber hacer, desarrollar
una postura crítica ante situaciones
relacionadas con la realidad social;
en fin, se trata de formar alumnos con
capacidades investigativas que permitan
la construcción de la soberanía
cognitiva base de la autonomía
personal y político-social, igualmente
que sean cooperativos y solidarios. Esto
implica la aplicación de estrategias
metodológicas, lúdicas y prácticas, en las cuales se globalicen todas las áreas
curriculares en correspondencia con las
necesidades cognitivas, socioculturales,
afectivas y físicas de los alumnos. (p.23)
De esta concepción curricular surge la consideración de la educación en valores y el eje transversal valor, que debe impregnar la totalidad de la tarea educativa. Es por ello que el Currículo Básico Nacional ya citado, enfatiza lo siguiente:
El enfoque transversal no niega la importancia de las disciplinas, sino que obliga a una revisión de las estrategias didácticas aplicadas tradicionalmente en el aula, al incorporar al currículum, en todos los niveles, una educación significativa para el niño a partir de la conexión de dichas disciplinas con los problemas sociales, éticos y morales presentes en su entorno (p.5)
Uno de los problemas que confrontan los
docentes en todos los niveles educativos, en
relación a la educación de los valores, es el “cómo
hacerlo”. Es ese cómo, esa manera de encontrar la
estrategia adecuada y que didácticamente obtenga
una respuesta fructífera, el aspecto que se debe
empezar a enriquecer para facilitar esa educación
necesaria. En principio, todas las estrategias
metodológicas son aceptables puesto que como
se ha leído en citas precedentes, la educación de
los valores debe formar parte del desarrollo del
currículo diario; no obstante, en este aparte se
exponen algunos criterios cuya aplicación tiende
a facilitar este hecho educativo, unos son fruto
de la experiencia como docentes en las aulas,
otros, criterios de autores con conocimientos
en la materia; con ellos se busca relacionar los
contenidos teóricos expuestos con la práctica real,
orientando al docente hacia técnicas posibles y
fáciles de ser comprendidas y aplicadas.
Para educar en valores se requiere una buena didáctica, con la finalidad de que exista una verdadera interacción educador-educando que conduzca a éste último a desarrollar y adoptar una actitud reflexiva, cooperativa y participativa; es por ello que la selección de técnicas adecuadas por parte del docente, debe partir de las características de los educandos para propiciar el logro de aprendizajes significativos y una motivación constante. Sobre el particular Paterson (2000) considera lo siguiente: “Las Estrategias Didácticas son herramientas individuales o grupales que facilitan la sistematización de la organización y procesamiento de los aspectos cognoscitivos, afectivos y motores, implicados en los objetivos propuestos”. (p.25) Así, las estrategias permitirán organizar y desarrollar las actividades de los educandos y del grupo en general, al constituir medios para la participación activa y el logro de las metas implicadas en los objetivos propuestos. Este autor propone una variedad de técnicas para ser seleccionadas de acuerdo a las características grupales o individuales y al tipo de objetivos pautados, con lo cual se evidencia que la selección de las estrategias para educar en valores se hace tomando en cuenta los mismos principios que orientan el aprendizaje en las áreas de conocimiento curriculares.
Por su parte, Gretty (2004) afirma que las experiencias constituyen un rico recurso para el aprendizaje de los educandos, por lo que deben tener un papel más participativo, lo que significa que mientras más activo sea el rol del docente, más asimilará el estudiante en sus diarias actividades. (p.21). En este sentido, para que la educación brinde un desarrollo óptimo, se hace imprescindible que los docentes apliquen estrategias innovadoras e incrementen el uso de metodologías educativas que involucren al alumno, estrategias vivenciales que hagan significativo el aprendizaje y por ello digno de ser incorporado en el repertorio cognitivo, afectivo y metacognitivo.
Considerando los principios de la participación
y de la práctica apropiada que deben estar
presentes en toda estrategia didáctica ideada para
llevar a cabo con éxito una educación, y dentro
de ella la educación en valores, Hernando (1997),
señala que esta última debe estar determinada por
las siguientes características:
• Estar basada en un máximo de respeto hacia el
educando.
• Servir como base trasformadora del clima del
colegio y de la familia.
• Estar adaptada a las características psicosociales
de la persona e iniciarla en la capacidad de
conocimiento y razonamiento para que ésta
sea capaz de discernir y promover el cambio
en su conducta.
Como puede observarse, estas características
no son exclusivas de la educación en valores,
de allí que las estrategias que se pueden
emplear para su promoción y desarrollo sean
muy variadas y adecuadas para ser puestas en
práctica en cualquier área del conocimiento
(literatura, expresión plástica, matemáticas o
ciencias sociales), por consiguiente, la educación
en valores es una responsabilidad compartida
entre los docentes en corresponsabilidad con
el Estado, máximo garante de la calidad de la
formación que se le ofrece a los jóvenes en las
instituciones educativas. Compartir esta visión
requiere la redimensión de la educación que se
ha venido impartiendo, de modo que se convierta
en fuente energética de alternativas de cambio,
a fin de fortalecer la creatividad, las habilidades
y actitudes de cada uno de los educandos en
su labor estudiantil, ampliando su desarrollo
y avance hacia escenarios de productividad y
maximización, elementos vitales para el logro del
crecimiento personal y social.
Otra variable a considerar en la selección
de estrategias didácticas es la relativa a sus
dimensiones, mencionadas en el Manual de la
Educación (2002:134). Estas dimensiones son las
siguientes:
• Dimensión Innovadora, la cual supone
impulsar la actitud interrogativa, indagativa
de los alumnos hacia la realidad cambiante así como facilitarles herramientas que los guíen hacia el pensamiento innovador más que hacia
el conservador.
• Dimensión Flexible, ésta permite la entrada de
nueva información proveniente de la sociedad,
la cultura y la ciencia, para actualizar de
manera general los contenidos del currículum
de acuerdo con los acontecimientos científicos,
culturales y educativos del contexto social.
• Dimensión Crítica, tiene en cuenta que un
proyecto didáctico es una acción abierta al
futuro y, por lo tanto, debe estar sujeta a
la revisión constante con base en criterios
fundamentados y no en posiciones subjetivas.
• Dimensión Sociopolítica. Es un hecho
innegable que la educación debe responder a
las necesidades del contexto y de la realidad
circundante, de allí que las estrategias
utilizadas en los ambientes de aprendizaje
sean el vehículo para mejorarla.
• Dimensión Prospectiva. Ningún conocimiento
tiene valor per se, por ello en la selección de
estrategias se parte del hecho que el alumnado
deberá poner en práctica lo que aprende en
un momento determinado, no sólo dentro de
una misma asignatura sino en otras y en la
vida real. Esta dimensión es conocida también
como transferencia del aprendizaje. Compartir
conocimientos con validez y significación
para el educando a mediano y largo plazo
son fundamentales para contribuir a lograr su
jerarquización y posterior internalización, de
allí la importancia de esta dimensión para la
educación en valores.
• Dimensión orientadora. La orientación es
parte sustancial en la educación, ya que el
estudiantado necesita los conocimientos
intelectuales pero también orientar su trabajo
de forma que aproveche al máximo sus
posibilidades de desarrollo personal mediante
los aprendizajes que se le ofrecen.
Estas dimensiones se cristalizan en un conjunto
de estrategias consideradas idóneas para educar
en valores, en tanto apuntan hacia el desarrollo
interno de cada estudiante, como sujeto moral,
telos indiscutible de toda acción educativa. Esta
finalidad educativa puede concretarse mediante
la aplicación de estrategias como las descritas a
continuación.
La discusión de dilemas morales es una técnica
de educación moral derivada de los trabajos
de Lawrence Kohlberg (1984). Como señalan
Buxarrais, Martínez, Puig y Trillas (1997),
los dilemas morales son breves narraciones de
situaciones que presentan conflictos de valor, es
decir, un personaje se encuentra en una situación
difícil y tiene que elegir, por lo general, entre
dos alternativas óptimas y equiparables. Este
tipo de estrategia tiene como objetivo que el
alumno experimente el razonamiento conflictivo
para ayudarle a restablecer el equilibrio en un
nivel superior de juicio moral, también permite confrontar opiniones, argumentar, presentar
alternativas encontradas, evaluar perspectivas
de otras personas, enfrentar conflictos de valores
y aportar la mejor solución al problema. Esta
estrategia se puede aplicar en el contexto del
método Desempeño de Roles, planteando al
estudiante situaciones conflictivas en las que deba
escoger una salida moral representando un papel.
Situaciones como la decisión a tomar en el caso
del compañero de aula adolescente que se inicia,
a escondidas, en el hábito de ingerir licor, o que
no asiste a clases a pesar de salir de y regresar
a su hogar en el horario habitual, son escenarios
posibles de dilucidar mediante esta estrategia.
El uso de casos como estrategia didáctica es
de gran importancia en la educación en valores
pues como señala la Secretaría de Educación
y Cultura (1993:110-111), esta estrategia,
principalmente, desarrolla el pensamiento, ayuda
a pensar con serenidad y rectitud, y habilita en
el análisis situacional. Su uso requiere que el
maestro posea habilidad para cuestionar, ya que
es en esta fase cuando el alumno se enfrenta a
soluciones de problemas. El estudio de casos
ayuda sustancialmente a desarrollar el intelecto,
en su práctica, por medio de la prudencia. Esta
Secretaría señala algunos pasos a seguir cuando
se usa la estrategia análisis de casos. Ellos son:
1. Lectura del caso.
2. Análisis de los hechos.
3. Identificar los problemas (antivalores)
4. Propuestas de soluciones.
Mitomanías, adicciones, vocaciones, resquebrajamiento familiar son ejemplos de situaciones tipo que podrían ser estudiadas bajo esta estrategia.
Es una estrategia que permite al alumno la
toma de conciencia de los valores y las opciones
que tiene cada persona al dirigir su vida. Se puede
aplicar cuando:
• Se usan frases que el alumno debe completar
con sus propios pensamientos.
• Para adquirir información sobre si mismo para
conocerse mejor.
• También cuando se utiliza un listado de
preguntas personales. Vila (2005)
No hagas mal que hacer bien … (no es
preciso), haz bien sin mirar a … (quien), quien
a buen árbol se arrima, … (buena sombra le
cobija), Dios nos da el frío y … (la cobija). Estas
expresiones pudieran ser de gran utilidad para
educar a los jóvenes en los valores de solidaridad,
compromiso, paciencia, perseverancia, tan
necesarios en la etapa adolescente de la vida
de una persona caracterizada por la irreflexión,
la impaciencia, la individualidad. Cada una de
estas frases debe ser seguida de una actividad de
análisis, reflexión sobre lo que ella implica, todo con la finalidad de derivar una enseñanza, un
aprendizaje pues el diálogo- encuentro reflexivo,
educador-educandos, con toda seguridad será una fuente de aprendizaje para todos los actores
involucrados.
Es una de las estrategias más interactivas que se puede utilizar cuando se tiene como propósito educar en valores, puesto que ella permite al alumno acercarse de forma vivencial al contexto a estudiar e interpretarlo, lo que permite un aprendizaje significativo. Ramos (2004) señala que la dramatización estimula la participación activa del grupo. Para esta autora, el punto esencial radica en el modo como se facilite esta estrategia, ya que de no profundizar, clarificar y adaptar a la vida los valores que se pretenden vivenciar, quedará en un simple juego. El otro aspecto importante para el éxito de esta estrategia es el seleccionar o crear los temas adecuados al grupo y a la circunstancia específica. Es otra técnica que encaja perfectamente en el método Desempeño de Roles. El embarazo adolescente puede ser una temática para dramatizar valorando el derecho a la vida en contra del antivalor aborto, el amor y la esperanza versus la pasión y la frustración.
Los juegos cooperativos pretenden promover
actitudes de cooperación y colaboración entre
iguales (trabajo en grupos, respeto, entre otros).
Esta estrategia se puede utilizar, como lo señala
Vila (2005), en contextos como los siguientes:
• Situaciones de trabajo en grupo, donde el éxito
o el fracaso sea siempre colectivo.
• Provisión de experiencias que permitan
cuestionar las formas de relación entre los
participantes.
Podría plantearse en esta estrategia el caso de
la necesidad de dotar de recursos materiales al
preescolar de la institución educativa donde se
cursan los estudios, o la dotación de un hogar de
cuidado para adultos mayores en la comunidad
destacando la colaboración, solidaridad, respeto
y amor que se merecen por su misma condición de
niños, con toda una vida por recorrer, o de adultos
con todo un caudal de vivencias, ejecutorias que
merecen ser recompensadas, respectivamente.
Estas dos tareas requieren el trabajo armónico,
conjunto de todos los integrantes de un curso
para alcanzar metas, dejando poco espacio para
individualidades, la cooperación es un elemento
fundamental. Por otra parte, el trabajo en equipo
proporcionará a cada miembro del curso un
sentimiento de utilidad y a la vez será un insumo
para construir el valor responsabilidad social y
personal.
Consiste en desarrollar las capacidades que
permiten dirigir nuestra propia conducta según
criterios personales. Para ello, Vila, ob.cit., señala algunas situaciones en las cuales es posible
usarla:
• Cuando se quieren establecer criterios de
actuación.
• Al realizar un plan previsto.
• Después de una evaluación de una situación
problemática para volver a planificar
alternativas de solución, en función de los
resultados obtenidos.
Esta estrategia didáctica pretende que el alumno
pueda plantearse una situación problemática de
forma positiva, no huyendo del conflicto, sino
promoviendo recursos para su gestión adecuada.
Vila (2005) presenta esta estrategia para:
• Resolver conflictos cooperativamente (Por
ejemplo, ante una situación como la de qué hacer para ayudar a un compañero de clase
que desea irse de su hogar debido a problemas
de comunicación con sus padres): orientar
el problema, definirlo, idear alternativas,
valorarlas, aplicar la solución, evaluar las
consecuencias.
• Potenciar las facultades de mediación y
diálogo.
Indudablemente que estas estrategias abren un camino factible de seguir en los ambientes de aprendizaje de las instituciones educativas porque no requieren de alguna parafernalia educativa, basta la buena voluntad y disposición del docente para sacar provecho de las situaciones morales conflictivas cotidianas enfrentadas por los estudiantes en sus hogares, comunidades, escuela, aula de clase. Decidir cuál utilizar, hasta cuándo hacerlo y cómo hacerlo debe ser producto de una toma de decisiones fundamentada en una evaluación.
La evaluación es un proceso que proporciona
información para hacer los ajustes necesarios en el
proceso de enseñanza aprendizaje y buscar apoyo
para el progreso educativo. Es un compromiso
de la práctica educativa, compartiendo valores
y actitudes que se convierten en referente de la
acción educativa y de la propia evaluación del
progreso en los alumnos. En consecuencia, los
criterios de aprendizaje de valores, normas y
actitudes se pueden explicar de acuerdo con los
planteamientos de Aldea (2000) quien acota que
aprender un valor significa que el individuo es
capaz de regular el propio comportamiento de
acuerdo con el principio normativo que dicho
valor estipula; aprender una norma significa que
se es capaz de comportarse de acuerdo con la
misma; aprender una actitud implica mostrar una
tendencia consistente y persistente a comportarse
de una determinada manera ante diferentes clases
de situaciones, objetos, sucesos o personas.
Esta definición permite formular los objetivos
relativos a valores, normas y actitudes y, por lo
tanto, valorar los resultados del aprendizaje.
Estos elementos son importantes pues como señalan Buxarrais, Martínez, Puig y Trillas (1997) la complejidad de la educación en valores reside, en primer lugar, en el conjunto de valores personales, familiares, ambientales y del grupo clase que inciden en el rendimiento escolar de cada alumno, y en segundo lugar, en el conjunto de componentes personales y profesionales del profesorado, que contribuye a que su tarea evaluadora sea ajustada. Estas cuestiones son importantes al evaluar aprendizajes de actitudes, valores y normas. Este tipo de contenidos, a diferencia de los aprendizajes de carácter informativo en sentido estricto y de los aprendizajes de procedimientos que contemplan las distintas áreas curriculares, permean a través de los ejes curriculares, de allí que plantean cuestiones relevantes desde la perspectiva del ejercicio de la evaluación. Para Aldea, ya citada, existen algunas formas de llevar la evaluación en la educación en valores, en este trabajo se resalta la basada en la observación sistemática considerándola una técnica fundamental para evaluar actitudes, dada la naturaleza y el carácter cualitativo de éstas. Los instrumentos a utilizar para la recolección de datos y posterior interpretación y análisis son conocidos por los docentes, quienes están familiarizados con las exigencias de la evaluación tanto cuantitativa como cualitativa. Todos estos instrumentos, en su conjunto, ofrecerán información global acerca del estudiante y permitirán al docente tomar una decisión fundamentada en juicios objetivos.
Registro anecdótico: son registros de incidentes
o anécdotas que manifiestan una actitud o
comportamiento representativo, significativo o
nuevo.
Escalas de observación: se constata la
presencia o ausencia de un determinado rasgo,
como también su intensidad mediante una escala
gráfica, categórica o numérica.
Listas de control: se observa la presencia o ausencia de un determinado rasgo de conducta.
Pautas de observación: presentan un conjunto de indicadores o pautas, son abiertas y permiten detectar las necesidades educativas de cada alumno o alumna.
Observador externo: la realiza otro agente educativo, evitando la subjetividad del propio evaluador.
Diario de clase: al escribirlo día a día refleja una reflexión y da significado a los hechos sucedidos, además, permite revisar la propia acción docente.
Entrevistas: Permite expresar creencias, expectativas, actitudes, opiniones, o razonar de modo justificativo respecto a una determinada acción.
Debates, asambleas y otros medios: los debates, asambleas, juegos, simulación, desempeño de roles, excursiones, crean situaciones en las que se intercambian y coordinan puntos de vista en y con el grupo, fomentando una mentalidad crítica e indagadora, son formas de trabajo cooperativas, en las que la participación de todos ayuda a descubrir normas mediante el diálogo y las aportaciones mutuas de razones.
Estas situaciones de interacción ofrecen contextos y situaciones adecuadas para observar la manifestación y la progresiva incorporación o consolidación de actitudes, valores y normas a la vida cotidiana.
Otro modelo de evaluación lo presenta
Barrio (2003), quien se centra en la evaluación
del proceso. Este autor menciona que uno
de los principales problemas que plantea la
educación en valores, es el relacionado con las
interrogantes ¿cómo evaluar la actividad? ¿Qué mecanismos, qué criterios debo tener en cuenta
a la hora de juzgar el trabajo realizado por los
alumnos? El autor destaca que se debe recordar
que la educación en valores tiene las siguientes
características:
• Es una actividad eminentemente práctica.
• Su finalidad no es la transmisión de una
serie de contenidos teóricos organizados y
estructurados académicamente.
• El objetivo pretendido es proporcionar al
individuo un marco de reflexión entre iguales,
a partir del cual desarrolle destrezas operativas.
A partir de estas destrezas el individuo irá elaborando un marco de actitudes y valores que
le faciliten la interacción social y le permitan
afrontar de forma adecuada los diferentes
problemas con que se va a encontrar en el ámbito social en el que su vida se desarrolle.
Por lo anterior, dice el autor, la primera cuestión
que debemos plantearnos como docentes es la
siguiente: ¿Qué vamos a evaluar? La respuesta
es: actitudes y valores, y el resultado de esta
acción evaluativa equivale a decir que el alumno,
a lo largo del tiempo en el que se ha llevado a
término la actividad programada, ha manifestado
el suficiente interés en la misma y ha alcanzado los
objetivos planificados. Para tomar esta decisión
(emitir este juicio), es necesario considerar los
elementos siguientes:
• La atención: Esta se manifiesta, entre otros
aspectos, en que el estudiante muestra
predisposición al aprendizaje; mejora en
sus habilidades argumentativas; escucha los
argumentos de los demás y manifiesta su
conformidad o diferencias de criterios; rechaza
y proporciona argumentos originales; respeta
y pide su turno de palabra.
• El trabajo: El estudiante cuida su cuaderno
personal y lo tiene al día; realiza los trabajos
escritos de forma correcta, tanto en los aspectos
formales como en los materiales; completa el
fichero de términos y de filósofos personal.
• La participación: El alumno colabora en la
búsqueda de soluciones al dilema de forma
colectiva e individual; manifiesta mejoras en su capacidad dialógica; realiza los comentarios;
imagina hipótesis; propone dilemas.
La segunda cuestión destacada por el citado
Barrio es la relativa al cómo hacerlo, al cómo
evaluar en la educación en valores. Para ello
propone, fundamentalmente, tres maneras:
1. Observación en la clase. Tomando nota de
la evolución diaria del alumno. Para esto es
fundamental tener una ficha, no sólo individual
del alumno, sino de cada uno de los grupos.
Diariamente el profesor deberá completar
determinados datos para que, al acabar el
proyecto, pueda tener criterios suficientemente
claros como para determinar elementos que le
permitan emitir un juicio sobre el alumno.
2. Análisis del cuaderno personal del alumno. El
profesor deberá controlar y examinar el diario
de trabajo del alumno de vez en cuando.
3. Pruebas objetivas. Finalmente, y si se desea,
se podrá realizar, al término del programa,
un ejercicio de valoración individual. En él se propondrá un dilema breve para que
cada alumno lo resuelva sin el recurso de
los demás. El dilema deberá reunir algunos
de los elementos tratados en las actividades
realizadas a lo largo de la clase.
Ahora bien, ¿cuál es la finalidad de la evaluación en la educación en valores? La respuesta es sencilla y coherente con la finalidad de la misma en toda área curricular: proporcionar al docente información que permita emitir juicios sobre la calidad de la acción educativa desarrollada, que fundamenten la toma de decisiones, en este caso, decisiones sobre el logro de actitudes positivas hacia los valores éticos y morales presentes en la comunidad escolar y social por parte del educando.
La pregunta, como puede observarse,
está vinculada a la objetividad, finalidad de
la evaluación cuando se trata de educar en
valores. Una respuesta a la misma se presenta
a continuación fundamentada en la opinión
de Buxarrais, Martínez, Puig y Trillas (1997).
Para estos autores, la evaluación de este tipo de
educación está dirigida a lo siguiente:
1. Atender, de forma continuada las diferentes
manifestaciones del alumnado con un modelo
sistemático y regular de evaluación continua.
2. Informar a los alumnos de los progresos o
fallos que manifieste, ofreciendo alternativas,
contribuyendo a mejorar y optimizar su
desarrollo moral.
3. Disponer de información del grupo de clase
para orientar sus acciones.
4. Colaborar en el perfeccionamiento del
proyecto curricular del centro educativo al
que se pertenezca. El proceso de evaluación
ha de permitir conocer aquellos aspectos
suficientemente atendidos en el plan de acción
pedagógica propio del centro.
5. Facilitar la colaboración entre familia y
escuela a partir de un análisis conjunto de
aquellos objetivos especialmente críticos
y difíciles de alcanzar en el ámbito de los valores y de la convivencia, y en los que pueda
ser conveniente establecer pautas comunes de
acción tanto a nivel escolar como familiar.
6. Permitir una evaluación final, de carácter
sumativo, tomando en cuenta, la evaluación
inicial. (pp.176-177).
Pudiéramos decir, entonces, que en todo el proceso de evaluación se pretende que los resultados permitan que el evaluado capte la correspondencia entre el esfuerzo invertido en el aprendizaje y los resultados obtenidos y que estos resultados, a su vez, se conviertan en elementos motivadores que contribuyan a mantener, o a incrementar, el nivel de esfuerzo dedicado a la tarea objeto de evaluación. La presencia de estos elementos motivadores y la dedicación manifestada serán, entre otros, indicadores del desarrollo moral alcanzado por el estudiante, de allí la justificación de incluir la educación en valores en todo currículo.
La importancia de la educación en valores, y por ende moral, adquiere particular significado en la tercera etapa de la Educación Básica Venezolana formada por los grados, 7º, 8º y 9º, que atiende a educandos cuyas edades están comprendidas entre los 12 y 16 años, aunque este rango de edad pudiera variar, pues es el período de la adolescencia en el cual el estudiante se enfrenta a nuevas situaciones, va adquiriendo una creciente responsabilidad sobre su vida y tiene nuevas experiencias.
Ventura (1992) señala que en este período se empieza a elegir un estilo de vida en contraposición a la niñez en la que las opciones a elegir son escasas. La mayor preocupación es encontrar o mantener un sentido a la vida personal, no se es niño ni adulto; para educar moralmente a los adolescentes, dice el autor, los adultos deben reconocer la legitimidad de sus necesidades e intereses y al mismo tiempo deben lograr que se acomoden a los valores compartidos por todos los miembros de la sociedad.
La tarea principal, continúa diciendo, es ayudarles a desarrollar un sistema de valores que sirva a sus necesidades de independencia, identidad, respeto propio, entre otros, pues los programas de educación en valores, como en el caso de Venezuela, sólo se han desarrollado para la primera y segunda etapa de educación básica a través de los llamados ejes de transversalidad curricular y han dejado de lado la tercera etapa. Como lo señala el Ministerio de Educación y Deporte (2004) la tercera etapa de Educación Básica “ha sido históricamente desatendida tanto en lo pedagógico como en su desarrollo como ser humano, producto de la fragmentación administrativa, tanto en los niveles educativos como en los curriculares”. (p.7)
Propone el autor ya mencionado que un
programa para adolescentes, el cual debería ser
el mundo juvenil e incluir sus intereses, debe
comprender los siguientes aspectos:
• Las necesidades humanas propias y de otros.
Valores como amistad, compañerismo,
autorrespeto, salud, felicidad, sentido de la
vida, lealtad, justicia, deben ser enseñados y
considerados como componentes de un sistema
total de valores con la finalidad de capacitar a
las personas individualmente y como grupo,
para lograr bienes humanos.
• Los adolescentes tienen perfecto derecho
de perseguir intereses particulares más que
subordinarse completamente, ello es parte de
la responsabilidad para integrar sus valores
con otros y buscar valores compartidos.
• La religión juega un papel importante en la
moralidad de muchas personas, aun cuando
se puede ser moral sin ser religioso. Esta
afirmación se fundamenta en el hecho de que
las raíces de la moralidad están en la naturaleza
divina y la vida humana.
• El profesor y alumno crecen conjuntamente,
deben emprender un camino de investigación
y cooperación entre ellos.
• El sistema disciplinario ha de servir para que
profesores y estudiantes aprendan a construir
estructuras de poder adecuadas y cómo
convivir en ellas.
• La participación en la toma de decisiones es un
instrumento esencial en la educación moral.
• La calidad de las experiencias sociales de la
escuela debe ser potenciada, aumentando
las oportunidades de interacción social
e incluyendo el estudio de las relaciones
humanas en el currículo.
• Las escuelas deben proporcionar un estudio
extenso de temas morales que potencien el
crecimiento de alumnos y profesores.
• Las discusiones de temas morales deben
versar sobre incidencias de la vida escolar y
el contexto de la toma de decisiones sobre la
organización escolar y el currículo. (pp. 92-
93)
Estas recomendaciones adquieren sentido en el desarrollo continuo que se ha generado en la República Bolivariana de Venezuela, con respecto a los lineamientos del Ministerio de Educación y Deporte (2004), hoy Ministerio del Poder popular para la Educación, en el ámbito pedagógico y lo curricular., pues destaca este Ministerio que “la educación adquiere significado en la medida que conlleva a consolidar valores, actitudes y procesos cognitivos en la formación del nuevo ciudadano. (p.23).
Según el imperio legal venezolano la
educación, en todos sus niveles, debe contribuir
al logro del pleno desarrollo de la personalidad
del educando, lograrlo es responsabilidad
primogénita del docente como elemento del
binomio que posee mayor madurez y herramientas
didácticas aprendidas en la formación docente,
y consolidadas en el ejercicio profesional. El
análisis de los planteamientos realizados en este trabajo evidencia que la Educación en Valores,
más que una expectativa o aspiración social y
personal, puede y debe llegar a ser una realidad
formativa palpable y de provecho pedagógico
para los jóvenes en cada centro educativo, a través
de la concreción de las siguientes acciones:
• El logro de una verdadera vinculación entre
los contenidos curriculares, los valores
humanos y el sistema educativo, bajo el apoyo
de instituciones educativas comprometidas
con la formación de individuos aptos para
la sociedad. La Educación en Valores, es
corresponsabilidad de todos los actores
involucrados en el hecho educativo.
• La asunción del Eje Transversal Valores para
que impregnen la totalidad de la tarea educativa,
obligando a una revisión de las estrategias
didácticas aplicadas tradicionalmente en el
aula y así lograr una educación significativa en
conexión con los problemas sociales, éticos y
morales presentes en su entorno.
• Adoptar una metodología, estrategias didácticas
y un modelo de evaluación apropiado para
facilitar la educación en valores, que sean
herramientas versátiles en cada situación
educativa particular y de necesidad individual.
Las estrategias didácticas y de evaluación
observacionales, narrativas y orales destacadas
en el texto son consideradas idóneas para
cristalizarla porque sólo requieren de la
disposición y buena voluntad del docente.
• Implantar un sistema estratégico de enseñanza
y de aprendizaje para reforzar con estrategias
didácticas pertinentes la optimización
e internalización de valores humanos y
universales entre la población estudiantil, ya
que en la mayoría de los estudiantes, como
personas, hay presencia de los mismos, pero
necesitan ser desarrollados de una manera
sistemática y ordenada para el logro de mejores
resultados manifestados en el entorno social.
Estas acciones son necesarias porque la Educación en Valores, más que un deber pedagógico, es una manera de hacer que nuestra sociedad camine hacia la construcción de una sociedad mejor. “La tarea de la educación en valores está en clasificar los valores que creemos son importantes para nuestra vida y los que Dios desea para nosotros”. (Gillespie, 1993, p.12). ¿Se necesita alguna razón mayor para que en las instituciones educativas se Eduque en Valores?
Bibliografía:
• Aldea, L. (2000). Evaluación en Educación en
Valores. Programa de Educación en Valores.
Organización de Estados Iberoamericanos. [En
línea]. Disponible en: http://www.campusoei.org/valores/ boletin10a02.htm Consulta:
12 de Marzo de 2006
• Barrio, R (2003) Los Dilemas Morales en la Clase
de Ética. [En línea] http://thales.cica.es/rd/
Recursos/rd98/Filosofia/03/filosofia-03.htm
Consulta: 25 de julio de 2005
• Buxarrais, Martínez, Puig y Trillas (1997) La
Educación Moral en Primaria y en Secundaria.
Una Experiencia Española. España:
Coordinación Editorial de la Biblioteca del
Norma lista.
• Currículo Básico Nacional (1997). Nivel de
Educación Básica. Copia fiel del original.
Caracas-Venezuela: Editorial ROMOR.
• Gillespie. (1993) Project Affirmation: Perspectives
on Values. USA: La Sierra University Press.
• Gretty, N. (2004). La Gerencia en el Aula. Parias:
Editorial Calatayud.
• Hernando, M. (1997) Estrategias para Educar
en Valores. Propuestas de Actualización con
Adolescentes. Madrid- España: Editorial
CCS.
• Kohlberg, L. y Rochelle, M. (1984). El desarrollo
del educando como finalidad de la educación.
Valencia-España: Vadell Hermanos Editores.
• Manual de la Educación (2002). Barcelona-
España: Editorial Grupo Océano.
• Ministerio de Educación y Deporte (2004). Liceo
Bolivariano Adolescencia y Juventud para el
desarrollo Endógeno y Soberano. Caracas-
Venezuela. [En línea], Disponible en: http://
www.me.gob.ve/Documento%20Liceo%20
Bolivariano2.pdf. Consulta: 18 de Julio de
2006.
• Proyecto Educativo Nacional (2001). Sobre
Estado y Educación. Disponible en http://
www.analitica.com/Venezuela Consulta: 25
de julio de 2005
• Paterson, S. (2000). Uso de Estrategias
Instruccionales. Madrid-España: Editorial
Camoens.
• Pérez, A. (1999). Educar Valores y el Valor de
Educar. Caracas-Venezuela: San Pablo.
• Ramos, M. (1997). Programa para Educar en
Valores. Valencia-Venezuela: Paulinas.
• Ramos, M. (2004). Valores y Autoestima.
Venezuela: Universidad de Carabobo.
• Secretaria de Educación y Cultura (1993)
Formación en Valores Humanos y Éticos.
Sonora México: Sistema Cíclico ARGE,
S. C. Programa Estadal de Capacitación y
actualización del Magisterio.
• Ventura, M. (1992). Actitudes, Valores y Normas
en el Currículo Escolar. Madrid-España:
Editorial Escuela Española, S.A.
• Vila, E. (2005) Educar en Valores, Educar por
los Derechos Humanos: La Reflexión y el
Dialogo como Estrategias Mediadoras para
la Prevención y Resolución de Conflictos.
Universidad de Málaga, España. [En línea].
Disponible en: http://www.campus-oei.org/
valores/pecpperu.htm. Revista Iberoamericana
de Educación. ISSN: 1681-5653 Consulta: 08
de Mayo de 2006
Fuente:
• http://servicio.bc.uc.edu.ve