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Estudio de los procesos subyacentes a las actividades de aprendizaje que tienen lugar en el aula virtual, tales como la recepción, construcción y apropiación del conocimiento, para lo cual toma en consideración, además, la idea de aula que procede de quienes las diseñan y disponen sus elementos, contenidos y actividades.
El foco esta presentación se encuentra en el estudio de los procesos subyacentes a las actividades de aprendizaje que tienen lugar en el aula virtual, tales como la recepción, construcción y apropiación del conocimiento, para lo cual toma en consideración, además, la idea de aula que procede de quienes las diseñan y disponen sus elementos, contenidos y actividades. En consecuencia, nos interesamos por el modo como es posible desenvolver procesos formativos en un aula virtual, procesos éstos que pueden ser facilitados y, en ciertas ocasiones también limitados, según sea la disposición y disponibilidad que conforma las características esenciales del aula virtual. Nos ubicamos, por tanto, en la perspectiva abierta por la investigación cognitiva con la intención de hallar implicancias que puedan colaborar en la mejora de la calidad y la pertinencia de los procesos formativos que tienen lugar en el aula virtual.
La mayor parte de las conclusiones que se expondrán a continuación provienen de la observación sistemática de los procesos e interacciones que tienen lugar en aulas virtuales. Este estudio lo estamos desarrollando desde octubre del año 2000 y ha tomado en consideración el desarrollo de actividades de enseñanza y aprendizaje destinadas a la formación de postgrado o actualización profesional en 9 Aulas Virtuales: dos europeas y siete correspondientes al continente americano. Otra fuente de información resulta de las aulas virtuales con contenidos temáticos destinados al público infanto-juvenil, las que han sido examinadas a lo largo de los últimos dos años, sobre una muestra compuesta por 32 experiencias desarrolladas en América, Alemania y España.
Los protocolos de observación desarrollados han sido preparados ad hoc y representan instancias de recogida de datos de tipo cualitativo, en lo que conforma una indagación exploratoria con apertura de preguntas e hipótesis que sería deseable continuar investigando posteriormente.
Este estudio se orienta en tres direcciones. En primer lugar, se busca identificar y delimitar el campo conceptual que corresponde otorgar al aula virtual pues pareciera interesante indagar si nos encontramos ante una entidad de tipo educativa, o bien, tecnológica, al tiempo que se torna vital comprender si la disponibilidad tanto como el uso y apropiación que puede hacerse de ella depende del tipo de plataforma empleada. En segundo término, procuraremos avanzar en la definición de las mediaciones que se consideran necesarias para que el aprendizaje tenga lugar. Finalmente, se pretende explorar las condiciones que un aula virtual debería mostrar para impactar en el aprendizaje y en la experiencia formativa de manera relevante y positiva.
Como nota previa, se explicita que entendemos los procesos y actividades educativos desde la perspectiva de la formación y la autoformación personal pues estamos convencidos que la única justificación que asiste a la innovación y creación del aula virtual es la aspiración ética de lograr un mejor y más pleno desarrollo humano.
Cuando buscamos el significado de este constructo teórico descubrimos
inmediatamente que nuestro diccionario se ha quedado en el tiempo y que le
ha vencido la rápida evolución de los fenómenos, los
hechos y la realidad impuesta a partir del uso de las NTICs en la educación.
En efecto, para el Diccionario de la Real Academia Española no existe
dicha conjunción de palabras, aunque sí admite los términos “foco
virtual”, “imagen virtual” y “realidad virtual”.
Ahora bien, si avanzamos en la definicióndel constructo “aula
virtual”, hallamos que por aula se entiende a una sala en donde se
celebran las clases; mientras que lo virtual es definido como algo que tiene
virtud para producir un efecto, aunque no lo produzca de presente, frecuentemente
en oposición a lo efectivo o real.
Por su parte, la “realidad virtual” es comprendida como una representación
de escenas o imágenes de objetos producidas por un sistema informático,
que da la sensación de su existencia real.
En nuestros estudios acerca de las aulas virtuales hemos podido
constatar que existen diferentes modos de concebir su esencia, misión
y objeto. Para muchos, el aula virtual es un complemento más y no
difiere demasiado de una sala de clase convencional; para otros, en cambio,
se trata más bien de un nuevo enfoque y hasta de un nuevo paradigma
educativo; algunos estudiosos están empeñados en descifrar
los nuevos modos de pensar y articular el pensamiento que esta moderna disponibilidad
inaugura. Así es como se disponen y se diseñan las aulas virtuales
pues ellas transparentan todo el pensamiento que subyace a sus creadores,
condicionando, de este modo, las posibilidades de los destinatarios.
Por ello nos parece importante comunicar ahora nuestro primer
hallazgo: el aula, esto es, la disponibilidad de los procesos que en ella
tienen lugar, no depende del tipo de plataforma empleada sino del planteamiento
epistémico que sostiene su dinámica y la disposición
pedagógica de los contenidos y actividades.
Desde esta perspectiva es posible hallar desde formatos más tecnológicos,
hasta otros, más simples y planos, en los que tan sólo aparece
el texto y la información disponible.
Lo que en ningún momento aparece es el planteamiento acerca de cómo
es entendido el proceso de enseñanza aprendizaje en el Aula Virtual.
Esto es, aparecen guías didácticas, cronogramas, dispositivos
de organización, pero en ninguna oportunidad se ha podido observar,
explicitado, cuál es el modelo formativo que subyace a la construcción
de cada aula. En consecuencia, nuestro segundo hallazgo nos dice que las
aulas virtuales son dispositivos cuyos creadores aún no han examinado,
en profundidad, sus fundamentos y principios.
Desde nuestra perspectiva, entendemos que un aula virtual es
un dispositivo tecnológico cuyo componente esencial es el espacio
destinado a la interacción humana y a la búsqueda colectiva
del saber. Por tanto, el aula virtual se encuentra dotada de una impregnación
de tipo sociocultural. No sólo porque ofrece oportunidades a los alumnos
para el desarrollo de sus logros intelectuales sino, particularmente, porque
existe una traza que vincula a los miembros del aula en un espacio intersubjetivo
que les connota como una comunidad, bajo el signo de una meta común
centrada en la construcción social del conocimiento.
Este clima social y cultural no es frecuente en las aulas virtuales,
este es nuestro tercer hallazgo. Por el contrario, en nuestro recorrido por
diversas aulas hemos podido advertir que la socialización y el intercambio
de ideas entre los integrantes, cuando se hallan presentes, se mantiene distante
del tratamiento del tema que aglutina y es el objetivo/meta del aula. O bien,
si acaso las discusiones y charlas se encuentran organizadas en torno a un
objeto epistémico, ello obedece a la resolución de actividades
que requieren respuesta inmediata y efímera respecto de la posibilidad
de fundar espacios de construcción social del conocimiento.
Nuevamente, estas observaciones nos permiten afirmar que el clima
socio-cultural que impera en cada aula se infunde según sea la concepción
que subyace a su diseño pedagógico.
En algunas, lo esencial y evidente es la interacción entre tutores
y alumnos. En menor medida, en otras aulas esa interacción siempre
está referida a un corpus y se mantiene un lenguaje en común,
que reside en el hecho de compartir un tema central. En otras, en cambio,
la interacción se desplaza porque es más interesante, o gana
terreno, la presencia de los contenidos. En consecuencia, podríamos
decir que las aulas se pueden agrupar en tres grandes secciones:
Ello denota que existen diferentes tipos o clases de aulas virtuales porque existe y les sostiene una concepción que les subyace, la cual también es diferente.
En nuestra investigación también nos quisiéramos focalizar
en demostrar cuales son los dispositivos que requiere un aula virtual para
transformarse en un proceso que ofrezca lugar y espacio a la socioconstrucción
del conocimiento y a la incorporación de lo que David Perkins denomina
como “cultura de pensamiento”.1Pero, porque nos interesa esta
clase de aula virtual?
Estamos seguros que es posible adquirir información en toda clase
de aula virtual; pero, debido a una exigencia de tipo formativa entendemos
que seria deseable que lo que se aprenda no solamente sirva como una habilidad
o conocimiento adquirido, sino, particularmente, como una manera de reflexionar
para mejorar e intervenir de modo relevante en la realidad.
Para ello es indispensable que los temas y conductas desarrolladas
en el aula puedan ser valoradas al punto de desear trasladarlas fuera de
ellas, tal como si fuera una pauta integrada en una nueva manera de ser y
pensar el mundo.
En la filosofía platónica, el saber es concebido como una construcción
dialógica que se opone a las posiciones individuales y desconfía
del texto escrito como único soporte de dicho saber.
Si recordamos el pasaje de Fedro, podremos comprender el modo
como Platón concibe al discurso escrito. En efecto, allí nos
dice que la palabra escrita comunica, no la sabiduría, sino la presunción
de la sabiduría. Esto significa que, al igual que la imagen o el ícono,
el texto posee una fijeza que nos plantea una presencia cuasi engañosa;
tras la apariencia de que está vivo, permanece incorruptible, pues
no responde a quienes le interrogan. Por eso, para el filósofo griego
el escrito tan solo constituía una ayuda para la memoria pero no una
interrogación constructivao constitutiva del saber. ¿Qué es
lo que nos advierte Platón acerca de la escritura, o mejor, qué consecuencia
podríamos deducir para los procesos formativos que se desarrollan
en un aula virtual? En primer término, conviene reconocer que es en
el diálogo donde se encuentra mejor reflejado el modo como opera el
pensamiento reflexivo pues procede con preguntas, repreguntas y respuestas,
entre otros procesos recognitivos. En consecuencia, si comprendemos que los
procesos formativos requieren construir el conocimiento y no tan solo replicarlo
o reflejarlo, nos debe quedar en claro que ello requiere una cierta movilidad
intelectual que se asienta en las percepciones y recepciones que son, o requieren
ser, a su vez, traducciones, recogniciones y reconstrucciones. Operaciones éstas
que no pueden provenir de otra instancia como no sea aquella que se instala
en una relación dialógica. De allí la importancia de
disponer de mediaciones dotadas de una matriz humanizante, la cual, en nuestra
experiencia, es representada de manera ejemplar por el Tutor del aula virtual.
En segundo lugar, pareciera que la alteridad es una condición necesaria
en los procesos de apropiación del conocimiento ya que ayuda a descentrar
la propia perspectiva, ampliándola. En la actualidad estamos de acuerdo
cuando afirmamos que esta clase de construcción requiere de un dispositivo
social, a través del cual se forman ciertos conocimientos que facilitan
comprender y entender el mundo que nos rodea, sus fenómenos y hechos,
sean éstos reales o posibles.
Las investigaciones de Pea y Soloway publicadas en 1987,2 nos
muestran la importancia de contar con los conocimientos previos de los alumnos
en términos de “preconcepciones”, los que muchas veces
se constituyen en obstáculos para avanzar en el conocimiento pues
se conforman de ideas erróneas que es preciso desbaratar para implantar,
no ya, tan sólo la adquisición de nuevo conocimiento, sino,
esencialmente, el cambio conceptual. Más recientemente Edgard Morin3
nos ha dejado saber, en esta misma línea, que uno de los problemas
del conocimiento es el error de percepción inicial al que le sigue,
inevitablemente, el error de tipo intelectual.
En efecto el conocimiento es el fruto de una traducción y de una reconstrucción
que se encuentra mediada por el lenguaje y la presencia del otro. De donde
se puede inferir que en tanto que es traducción y reconstrucción
implica interpretación, lo que introduce el riesgo de error en el
interior del sujeto y por tanto, en su visón del mundo y en los principios
por los cuales regirá su acción en ese mundo. De allí proviene
la importancia de concebir a los procesos formativos como procesos socioconstructivos
en los cuales los deseos y los fantasmas personales pueden desbaratarse,
aminorando así el riesgo que posee el error en el punto de arranque.
Luego, se considera como deseable y recomendable que en las aulas virtuales
existan mediaciones capaces de descubrir los saberes y conocimientos de inicio
que posee el participante, de modo que pueda establecerse una interacción
que facilite una nueva organización, en la que se considere tanto
lo viejo y conocido como lo nuevo y por conocer.
Por último, es en el diálogo donde el hombre se encuentra a
sí mismo y a los demás, dando así lugar a una interioridad
que contempla la subjetividad tanto como la intersubjetividad, es decir,
la plena realización de su ser “hombre”.
Tal vez por ello Platón permaneció siempre fiel a este recurso
dialógico, entendiendo que el encuentro con el otro es un camino de
búsqueda de la sabiduría.
Y aquí cabe preguntarse que entendía Platón como sabiduría.
Sin duda su máxima consagración está constituída
por la investigación filosófica, un camino que no se hace como
las demás ciencias sino que “..solo después de haberse
familiarizado por mucho tiempo con estos problemas y después de haber
vivido y discutido en común su verdadero significado se enciende de
improviso en el alma como la luz nace de una chispa y crece después
por si sola..”
Vemos de este modo que el diálogo era para Platón la única
forma posible y capaz de comunicar la esencia misma de la investigación
filosófica. En el dialogo se procede en un tiempo que no es ahora,
se reproduce su carácter social y de comunidad y se hacen solidarios
los esfuerzos individuales que buscan un fin común. Arribamos así al
fundamento del método dialógico por medio del cual verdaderamente
se asiste a la formación y la autoformación del ser humano,
la cual no consiste en la imposición de sistemas doctrinarios ni en
la impregnación de legados funcionalistas. Todo lo contrario, cuando
la educación persigue un fin formativo replantea incensamente los
problemas, procede con planteos heurísticos y se interesa por el esclarecimiento
de la realidad y la existencia humana.
Puede deducirse, como síntesis de lo anterior, que el aula virtual
que persigue fines formativos debería contener al menos tres modos
de mediación:
Hemos podido constatar que los procesos más involucrados en la dinámica del aula virtual y al mismo tiempo, aquellos que pueden favorecer cambios significativos en los procesos formativos de las personas son:
Existen tres áreas de investigación que se pueden definir como componentes esenciales para avanzar en una visión explicativa de los procesos de enseñanza y aprendizaje que tienen lugar en un aula virtual:
A lo largo de nuestras observaciones hemos podido constatar que el éxito de toda innovación depende del ajuste entre la cultura que la promueve y la cultura que la sostiene institucionalmente, cuando estas culturas no son coincidentes el cambio se torna un esfuerzo aislado y personal.
Cuando pensamos en las condiciones que un aula virtual debería mostrar para impactar en el aprendizaje y en la experiencia formativa de manera relevante y positiva, se nos presentan cuatro instancias ineludibles:
Finalmente, luego de nuestra exploración por diversas aulas virtuales, en estos años de indagación, nos ha parecido particularmente valioso hallar tantas experiencias formativas, disponibles para un colectivo cuyo acceso al conocimiento se ha compuesto tan sólo de una computadora, con prescindencia de tiempo y lugar. Y pensando en esta interesante innovación se nos apareció la idea de relacionar la experiencia actual de un aula virtual con la vida y el pensamiento de la antigua Grecia.
En ambos mundos, ayer y hoy, situados en un espacio limitado, sin necesidad de trasladarse, el hombre asiste con admiración y reverencia a conocer todo lo posible.
Sobre el autor:
• Monica G. Luque,
Coordinadora Académica, Instituto de Estudios Avanzados para las Américas
(INEAM) , AICD/OEA, Washington D.C., USA.
Fuente:
•
http://www.educoas.org