Financiamiento vía franquicia SENCE y fondos Ley Sep



Inscribe acá tu correo para recibir nuestro noticias y novedades:
La enseñanza de la ortografía sigue siendo un reto para los maestros de básica. ¿Cuándo se debe iniciar su enseñanza? y ¿cómo lograr que el aprendizaje sea efectivo? Son dos de las preguntas más frecuentes que el docente se plantea. Al parecer, son preguntas que no encierran gran complejidad pero, a la hora de impartir la enseñanza de la ortografía, los resultados muchas veces desalientan al maestro. El objetivo de este artículo es presentar al docente los errores que más comúnmente se cometen en la enseñanza de esta destreza, así como ofrecerle una propuesta que le puede resultar muy útil”
Aprender ortografía no es difícil, siempre y cuando se empleen metodologías concretas y adecuadas. Para ello, la memoria visual juega un papel muy importante y es, a mi modo de ver, el método más eficaz para lograr los mejores resultados. Fernando Catarralá, catedrático de la lengua española, se pronuncia sobre la enseñanza de las reglas ortográficas, afirmando que lo único que éstas consiguen es agobiar al estudiante e incrementar sus errores. Propone, asimismo, que el mejor sistema es el viso-audio-motor, que consiste en observar la palabra, escucharla por boca del maestro (para ello es fundamental que su pronunciación sea correcta) y fijarse atentamente en su escritura, tal como si se tratara de un objeto.
En contraste con este método, tan práctico por su concepción de las palabras en tanto
objetos visuales, el catedrático Villarejo Minguez nos advierte sobre los errores más
comunes que se cometen con frecuencia al enseñar ortografía, y que el maestro debería
evitar. Entre estos, enumeraré los siguientes:
Indudablemente, la memoria es parte crucial del aprendizaje. Sin la memoria, las experiencias se perderían y las personas no podrían beneficiarse de ellas. De ahí que resulta muy difícil separar los términos memoria y aprendizaje, pues constituyen dos caras de la misma moneda: “el aprendizaje depende de la memoria para su permanencia y, de manera inversa, la memoria no tendría contenido si no tuviera lugar el aprendizaje” (Martínez, 260).
Quiero hacer referencia a la memoria a corto y a largo plazo, a fin de que se comprenda mejor el aprendizaje y su relación con el tema de estudio. Gracias a la memoria a corto plazo, el cerebro va filtrando lo que es importante de aquello que no lo es, puesto que:
”Si metiéramos en la cabeza todo el barullo de caras, de cifras, de publicidad, de acontecimientos, etc., ocurridos a lo largo del día, nos volveríamos locos; en cambio, nuestros recuerdos están tan bien enterrados en un espejo que constituye la memoria a largo plazo, que resisten incluso a las drogas y al electroshock, y ningún lavado de cerebro es capaz de borrarlos” (Martínez, 265).
Ambos tipos de memoria son indispensables, pues la primera nos desintoxica de la información excesiva, y la otra nos permite tener un pasado y una historia. De esto se desprende una idea fundamental para el tema que nos ocupa (el aprendizaje de la ortografía a través de la memoria visual): toda huella en el cerebro debe ser reforzada por la repetición a fin de que sea retenida. Este principio no es exclusivo para la ortografía sino que tiene suma importancia en todos los campos de aprendizaje.
El profesor Oléron, psicólogo de la Universidad de París, como fruto de algunos estudios realizados, ha llegado a la conclusión de que una persona retiene mejor las palabras presentadas cada seis segundos, en lugar de que éstas le sean expuestas de manera más rápida. Esto se debe a que el mecanismo de repetición interior tiene un tiempo para actuar.
De ahí que la lectura sea una actividad que contribuye significativamente a la ortografía, pero considero que siempre se debe hacer una lectura guiada hacia la visualización de las palabras con dificultad ortográfica. Por ejemplo, en un determinado texto, pedirles a las alumnas que encierren o subrayen las palabras propensas a faltas o errores, y hacer que las subrayen y lean varias veces, hasta que interioricen su escritura.
Mi propuesta consiste concretamente en elaborar listas de palabras con dificultad ortográfica, las mismas que se pueden extraer de los textos utilizados por los alumnos en el estudio de las cuatro áreas básicas en español. De este modo, el docente podría elaborar un listado de, por ejemplo, trescientas palabras para estudiar a lo largo del año escolar (este número puede variar de acuerdo a la edad de los alumnos o acomodarse a las necesidades de cada grupo). Dicho listado será generado a partir de los textos de Estudios Sociales, Ciencias Naturales, Lenguaje y Matemática.
Los objetivos que se pretende conseguir a través del trabajo con listados son:
Todas las mañanas, a primera hora, el profesor expondrá durante seis segundos cada una de las diez palabras de la semana. Vale reiterar que deben ser seis segundos por palabra, pues éste es el tiempo ideal para que el cerebro procese y retenga la información, según lo aconseja Doman, pionero de la estimulación temprana a través de la visualización de imágenes. Las palabras deben estar escritas en tarjetas de 30cm x 20cm, para que los alumnos las puedan observar con facilidad. La letra o las letras con dificultad ortográfica para cada palabra irán marcadas con rojo.
De ser posible, las letras con dificultad podrían llevar un dibujo para que el alumno las asocie con un objeto de la realidad: la palabra “búho” podría tener un búho dibujado sobre la “B”. También se podría pegar un recorte que sea alusivo a la palabra. Los maestros se encargarán de preparar semanalmente las tarjetas. Mientras se expone la palabra, ésta debe ser leída en voz alta por todo el grupo. Luego del recreo, el maestro volverá a presentar las palabras frente a sus alumnos, con el fin de que éstas se vayan fijando en el cerebro. En esta segunda ocasión, los alumnos deletrearán cada palabra. Finalmente, al término de la jornada, las palabras volverán a ser expuestas, y los alumnos deberán leerlas y deletrearlas.
En las materias respectivas, los profesores deberán referirse a las palabras que se están estudiando durante la semana. Así, por ejemplo, cuando aborden el tema del barrio, insistirán en la manera de escribir dicha palabra, exponiéndola en la pizarra; si se trata de un tema de Matemática, como por ejemplo “residuo” o “cociente”, procederán exactamente igual, haciendo hincapié en la forma de escritura de tales palabras. De este modo, los alumnos identificarán la palabra y establecerán asociaciones valederas. Este ejercicio no quita tiempo ni secuencia a la materia en sí misma. Es solo cuestión de crear el hábito.
Los alumnos tendrán un sobre grande con las palabras de cada semana. Estarán escritas en pequeñas cartulinas de 8cm x 4 cm. Tendrán (al igual que las tarjetas grandes) resaltada con color fuerte las letras con dificultad. Cada semana se incluirá un nuevo grupo de diez palabras. Los alumnos jugarán a sacar una palabra y deletrearla. Luego, guardarán la palabra y la deletrearán sin mirar. Secarán al azar solamente diez palabras del sobre (que cada vez será más grande, pues contendrá más y más material).
Se entregará a los alumnos un texto idéntico y se les pedirá que lo lean y que se fijen bien en aquellas palabras que tengan una escritura difícil para ellas. Luego de un tiempo prudencial (no más de tres minutos), se les dictará aquellas palabras que el maestro haya seleccionado a partir de lo señalado por los alumnos.
En la hora de
Lenguaje, los alumnos pueden utilizar las diez palabras de la semana para
escribirlas, pintar con otro color las letras que presentan dificultad y hacer oraciones
con ellas. Este ejercicio será realizado una vez a la semana. Inclusive, se lo puede
proponer como tarea para la casa. Lo importante es que se lo trabaje
semanalmente.
Todos los viernes (o un día seleccionado), el profesor dictará las diez palabras ejercitadas durante la semana, a fin de comprobar que todo el grupo las haya aprendido en su totalidad. Los maestros buscarán mecanismos para motivar y felicitar.
Cada tres semanas, los maestros deben hacer un repaso acumulativo de la siguiente manera: se estudiará la lista correspondiente de la semana, pero además se expondrán algunas palabras de las listas anteriores, especialmente aquellas en las que se haya observado mayor dificultad. Bajo ningún concepto se permitirá que los alumnos olviden las palabras previamente aprendidas. Los dictados semanales también tomarán en cuenta las palabras de las listas anteriores.
La idea de trasfondo en esta metodología de trabajo es que las palabras son imágenes. Al igual que los niños aprenden a reconocer los objetos cuando son pequeños, las palabras deben ser tomadas como una imagen que deberá registrarse en el cerebro. Por lo tanto, la memoria visual es una herramienta fundamental para adquirir la destreza ortográfica. Esta memoria se puede combinar con la memoria verbal, que se refiere al significado de la palabra y de la que se encarga el hemisferio izquierdo del cerebro. La combinación de las dos memorias es vital para el aprendizaje de la escritura de las palabras.
No nacemos con buena o mala memoria, por lo tanto, podemos aprender a mejorarla. El profesor Richard Gross da una serie de consejos que podrían ser de utilidad para el objetivo propuesto. Él divide a la memoria en tres fases:
1) Fase de codificación, que requiere de una mayor atención por parte del alumno. En esta fase, lo importante es prestar atención a aquello que se percibe y que se quiere retener. En el caso del tema que nos ocupa, lo que se quiere retener es la forma de escribir las palabras; por tanto, dejaremos de lado todo lo que nos molesta para centrar la atención únicamente en los ejercicios o actividades que se sugieren. Las tarjetas que el profesor presentará diariamente a sus estudiantes son un excelente canal para captar la atención.
2) Fase de retención, en la que se pueden utilizar algunos mecanismos, como: establecer asociaciones con algo que nos resulte familiar. Por ejemplo, mirar la letra “V” y acordarse de algunas palabras que la llevan o, viceversa, pensar en el objeto y asociarlo con una letra (pienso en “burro” y lo asocio con la “B”). Esta fase incluye las siguientes etapas:
3) Fase de recuerdo, en la que se evoca la información registrada en las etapas anteriores. En esta fase se necesita buscar referencias, repensar, volver al inicio. El re-aprendizaje significa un ahorro, puesto que aunque algo pudiera parecer olvidado por completo, es mucho más fácil aprenderlo por segunda vez en relación al esfuerzo invertido en la primera vez.
Por todo lo dicho, el fracaso que se produce en la adquisición de una buena ortografía se debe a que no se han enseñado las estrategias mentales, especialmente en lo que a memoria visual corresponde. Los maestros, por lo general, hacen dictados, los califican, explican algunas reglas, pero no se aseguran de que el proceso mental haya sido enseñado, practicado, reforzado y evaluado.
Bibliografía:
• Espinosa, Simón. Manual de Ortografía, aprender sonriendo. Colombia, Editorial Norma,
1992.
• Domínguez, Aurora Esperanza. Ortografía en contexto. Colombia, Editorial Omega, 1989.
• Catarralá, Fernando. La enseñanza de reglas ortográficas. http://www.aplicaciones.info.
articu65e.htm. Acceso: 15 de septiembre de 2006.
• Villarejo Minguez. Cómo enseñar ortografía en lengua y enseñanza. Perpsectivas, Madrid,
Centro de documentación y orientación en enseñanza primaria (1960).
Fuente: www.planamanecer.com
