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Artículo que ayuda a reflexionar sobre interrogantes como: ¿por qué una enseñanza del pensamiento? ¿qué se pretende lograr con ella? Se sostiene que la meta principal de la educación debe ser el desarrollo del pensadores racionales, cuyos componentes esenciales se relacionan con la devoción a la verdad, opuesta al interés en sí mismo, con capacidad para escuchar empáticamente puntos de vista contrarios.
Quienes se han dedicado a indagar sobre lo que se comprende por pensamiento y acerca de si éste puede ser enseñado, así como a sistematizar lo relacionado con ensayos y experiencias de desarrollo de habilidades intelectuales, coinciden en señalar la consolidación del movimiento de Enseñanza del Pensamiento (EDP) como una especie de alternativa a la enseñanza tradicional de contenidos.
La afirmación se refiere de manera precisa a los escenarios educativos formales, en los cuales se hace énfasis en lo que los estudiantes deben saber en cada grado o nivel escolar y se ignora el modo en que éstos se pueden apropiar de lo que los maestros enseñan. A mediados de la década de los años setenta y durante los ochenta se desarrollaron y consolidaron importantes líneas de investigación en torno a modelos y estilos de enseñar a pensar. Las referencias aluden principalmente a Estados Unidos y algunos países de América Latina (2).
Solamente a modo de ejemplo mencionaremos que una organización no gubernamental de Estados Unidos, la Asociación para la Supervisión y el Desarrollo del Curriculum y la Instrucción, establecida en Alexandria, Virginia, publicó hace diez años un importante trabajo en el que se exponían una serie de aportaciones acerca de campos de estudio más o menos delimitados y propuestas específicas de enseñanza del pensamiento (3). A partir de aportaciones compiladas en este tipo de obras editadas que ahora pueden ser consideradas como clásicas en el tratamiento del tema, se da cuenta de los dominios que se advierten en la investigación sobre la enseñanza del pensamiento, así como en la referenciación de experiencias de programas para enseñar a pensar.
Presentaremos a continuación en forma breve algunos materiales organizados como una propuesta de marco de trabajo para enseñar a pensar (4), el cual se ha configurado en este documento con el propósito de intentar responder a los siguientes cuestionamientos: ¿por qué una enseñanza del pensamiento? ¿qué se pretende lograr con la enseñanza del pensamiento? ¿cómo enseñar a pensar?
Consideramos que no es el momento de enumerar las deficiencias que se detectan en los sistemas educativos tanto oficiales como particulares, sean tradicionales o de tendencias más contemporáneas, en torno al uso y abuso del contenido programático como eje central de la práctica educativa. Nos permitimos únicamente anotar dos circunstancias a manera de ejemplo para contextualizar la situación.
Las "pruebas" o exámenes que se aplican para evaluar los logros escolares, desde los niveles de educación primaria hasta universitaria, están elaborados en función de calificar qué tanto saben (memorización) los alumnos del contenido correspondiente al grado o curso en que están inscritos. La actividad de pensamiento que interviene en el proceso de aprendizaje de los estudiantes, no queda registrada en la evaluación del conocimiento que se pretende; y más aún, se le ha perdido la pista por completo. Por otra parte, los mismos fundamentos filosóficos y psicológicos del pensamiento humano, se encuentran actualmente muy distantes del trabajo cotidiano en los salones de clases. Los resultados de una educación en la que está ausente la EDP, se manifiestan constantemente en las características de un aprendizaje memorístico, repetitivo, y en no pocos casos, dramáticamente sin sentido.
Resulta importante señalar una manera en que la lógica para enseñar a pensar puede establecerse en términos de necesidades y beneficios sociales. Seiger-Ehrenberg (1985)(5), plantea que "cuando un alumno se gradúa de preparatoria debería ser capaz de manera efectiva y consistente de tomar decisiones sobre acciones éticas e inteligentes para lograr las tareas que la sociedad legítimamente espera de todos sus miembros, y de establecer y perseguir metas valiosas de su propia elección". Esta autora desarrolló varios programas de habilidades del pensamiento y conceptualizó la acción ética inteligente como "un uso de los procesos del pensamiento racional para llegar a una decisión tomando en cuenta el bienestar de aquellos afectados"(6).
Resulta esclarecedor anotar que si bien la EDP puede ser vista de manera muy funcional, únicamente como un mero recurso de tecnología educativa para desarrollar habilidades de pensamiento muy precisas en función del manejo de los contenidos escolares, por tanto sumamente limitadas y, en consecuencia, sólo relacionada con el trabajo docente del salón de clases, sin embargo, su repercusión en el contexto social puede planearse con la intención de desarrollar pensadores maduros capaces de adquirir y utilizar el conocimiento.
Filósofos como Ennis, Lipmman (7) y Paul sostienen que la meta principal de la educación deberá ser el desarrollo de pensadores racionales. Paul (1984) (8) destaca como componentes esenciales del pensador maduro la devoción a la verdad opuesta al interés en sí mismo, con capacidad para escuchar con simpatía puntos de vista contrarios. En resumen, el pensamiento se concibe aquí como una capacidad cualificadamente humana, que conlleva en su desarrollo el desenvolvimiento de actitudes humanizantes y humanizadoras. Esto en contra posición al pensamiento irracional, irreflexivo y, por tanto, inadecuado, que se puede encontrar en culturas incapaces de la convivencia constructiva o pacífica, o en culturas cuyos dogmas se imponen por la fuerza.
Otras aportaciones muy importantes respecto a la EDP son las que ha arrojado la investigación sobre la comprensión, la solución de problemas y la memoria. Según trabajos revisados y referidos por Marzano desde los inicios del movimiento de la EDP (1988)(9), resulta cuestionable seriamente el uso necesario o metodológico de taxonomías ordenadas y/o graduadas linealmente como guías para las metas educativas. Un ejemplo clásico lo constituye la taxonomía de Bloom (muy conocida en nuestros contextos educativos), en la cual una habilidad necesariamente precede a otra. Por último, según el mismo Marzano (1988) existe evidencia sustancial de que los estudiantes menos capaces se benefician con la instrucción enriquecida con la EDP.
Nos referiremos a la enseñanza de algunas de las dimensiones del pensamiento en términos pedagógicos tradicionales.
De manera concreta y como un modo de alentar la metodología de la EDP y algunas formas pertinentes para su evaluación, mencionaremos los productos esperados a través de este trabajo docente. Los autores que estamos tomando como referentes(11), identifican cinco dimensiones del pensamiento, que son la metacognición, el pensamiento crítico y creativo, las habilidades básicas del pensamiento, los procesos del pensamiento y la relación de las áreas de contenido de conocimiento con el pensamiento. Sin intención de extendernos en exponer un constructo que pudiera padecer la configuración de una teoría predictiva, únicamente enunciaremos cada una de estas dimensiones, ubicándolas y presentándolas más bien como campos de investigación-intervención.
Cabe señalar que cada una de estas dimensiones no existen aisladamente, tampoco son una taxonomía. Pueden ocurrir simultáneamente. No están diseñadas como fines en sí mismas, constituyen un marco de trabajo que refleja los esfuerzos de algunos actores para hacer concordar las demandas de organizar un curriculum con las necesidades de las escuelas, maestros y alumnos.
A manera de propósitos de la EDP podemos enumerar los siguientes productos esperados:
El diseño particular de un método acorde a las necesidades específicas de un curriculum permite escoger y situar tanto las habilidades de pensamiento requeridas, como las experiencias de aprendizaje más pertinentes para cada circunstancia. No se puede decir lo mismo de algunos de los múltiples programas diseñados para aprender a pensar que, o bien forman un "paquete" demasiado específico, o bien se refieren a tan distintas definiciones de pensamiento que el número de opciones llegan a causar confusión (12).
Más que describir un método específico para la EDP, anotaremos algunos puntos que a juicio de expertos podrían ser tomados en cuenta por los profesores o encargados de curriculum para diseñar programas que contengan la EDP de acuerdo a necesidades y contextos particulares.
El andamiaje puede ser definido como la construcción de una estructura o diferentes esquemas sobre los que los estudiantes puedan elaborar sus nuevo y propios significados. Algunos apoyos para la construcción de andamios pueden ser que el facilitador : a) modele ; b) instruya, y c) dirija la realización de la tarea, induciendo o explicitando la habilidad requerida. La cantidad de andamiajes dependerá de las necesidades de la materia, del curso o de los mismos estudiantes. Se deberá suministrar más o menos apoyo o ampliar las aplicaciones.
La EDP debe insertase en el rol del maestro, en el modelo teórico del contenido que se desea enseñar y en la especificidad de las tareas. Se busca —como nuevo fruto—, la planeación de un nuevo tipo de lecciones y trabajos de clase afincados en dos soportes: el del contenido mismo y el del proceso por el cual el estudiante se puede apropiar de los contenidos reelaborándolos para sí.
Para concluir con esta aportación es importante recalcar que no se trata de descontinuar el rol del maestro ni el lugar del contenido; se intenta más bien enriquecer ambos componentes del fenómeno educativo con una nueva dinámica, procurando tener una opción estratégica mas fructífera y adecuada a las necesidades actuales de nuestros contextos. Nos estamos refiriendo a un maestro más conocedor de la dinámica de aprendizaje de sus alumnos, con mayor poder en el manejo de su disciplina teórica, y unos estudiantes más responsables y comprometidos con su propio aprendizaje.
Notas:
1. R. Nickerson, et al., Enseñar a pensar, Paidós, Barcelona, 1990.
2. Ibid., p. 15 y ss.
3. R. Marzano, et al., Dimensions of thinking: a framework for curriculum and instruction. Asociation for Supervition and Curriculum Development, Alexandria, VA., 1988.
4. La propuesta de contar con un marco de trabajo de esta naturaleza, constituyó una de las bases para la estructuración inicial del curriculum de la Especialización en Educación Cognoscitiva que actualmente se ofrece en el ITESO. El material que ahora se comparte brevemente en este documento ha sido configurado de forma más extensa con propósito de consolidar un marco de trabajo para una serie de investigaciones, entre las que destaca la publicada por L. Mejía y S. Sandoval, Interacción social y activación del pensamiento, ITESO, Tlaquepaque, 1996.
5. S. Seiger-Ehrenberg, "Educational outcomes for K-12 curriculum", en A.Costa (ed.) Developming and minds : a resource book for teaching thinking, Asociation for Supervition and Curriculum Development, Alexandria, VA, 1985.
6. Ibidem, pp. 8 y ss.
7. M. Lipman, A. Sharp y F. Oscanyan, Philosophy in the classroom, Temple University Press, Philadelphia, E. U., 1980.
8. R. W. Paul, "Critical thinking: fundamental to education for a free society", Educational leadership, 42, pp. 4-14.
9. R. Marzano, et al., op. cit.
10. Ibidem, p. 32 y ss.
11. Idem.
12. En este sentido puede resultar muy orientador consultar la obra más o menos reciente de R. Sternberg y W. Richard (editores), Mind in context: interactionist perspectives on human intelligence, Cambridge University Press, E. U., 1994.
Sobre el autor:
• Sergio Antonio Sandoval.
Profesor Investigador del Programa Formal de Investigación en Desarrollo Cognitivo del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO
Fuente:
• www.educacion.jalisco.gob.mx