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Vuelan piedras y se encienden hogueras en plena calle, aparece un carro gigante lanzando agua y humo, la gente corre de un lado a otro: todo esto está en las pantallas de TV y en las conversaciones cotidianas. ¿Cómo explicárselo a los niños?”
Los constantes estímulos visuales suelen dar la impresión a los niños de que los acontecimientos revisten una gravedad mucho mayor a la real. Por eso, a la neuropsiquiatra infantil Amanda Céspedes no le caben dudas de la necesidad de conversar con ellos.
Pero para abordar el tema, es necesario hacer una diferenciación por edad. A partir de los 7 años, por ejemplo, los pequeños están expuestos a mucha información, ven la televisión, están muy al tanto de todo lo que pasa y reflexionan desde sus capacidades. Por eso a esa edad hay que evitar tratarlos “como niños”, porque requieren de explicaciones muy precisas. “Lo mejor es hablarles con respeto (dice la especialista), no exponerlos a temas que puedan asustarlos, pero sí tomar en cuenta toda la información a la que tienen acceso”.
Un buen truco para generar una conversación con niños de 7 años es proponerle recortar de la prensa las noticias que le llamen la atención. Para nosotros es también una actividad útil porque nos permite iniciar una conversación sobre algo que a ellos les preocupa y para lo que están más preparados para reflexionar. Si hay fotografías impactantes del conflicto estudiantil, podemos estar seguros de que serán escogidas.
A partir de esa motivación, se puede partir con una descripción general del conflicto para permitirle al niño contextualizarse. “El niño necesita un marco de referencia donde situarse (dice Amanda Céspedes), y un buen marco es explicarles que la gente no está siempre contenta por cómo se están dando las cosas en su vida”. Lo que sigue es invitarlos a reflexionar sobre qué descontentos sociales o injusticias se producen día a día. Por ejemplo: las personas que tienen que tomar muchas micros para llegar al trabajo y se sienten infelices por eso. “Se van a sorprender de la cantidad de injusticias sociales que los niños son capaces de identificar”, continúa la especialista. Lamentablemente cuando preguntan a los adultos, muchas veces reciben respuestas “hechas” que no solucionan sus inquietudes.
Sin embargo esta edad es muy apropiada para inculcar valores ciudadanos, y para eso, según Amanda Céspedes, “lo ideal es que los profesores no se centren en los hechos, que es la tragedia de ser adulto; hay que explicarles a los niños que lo que tiene valor no son los hechos sino los valores que hay detrás”.
- ¿Y cómo explicar las imágenes de violencia a las que se exponen en la prensa?
- Yo uso la caricatura del hombre prehistórico. Les digo les digo que todos tenemos un cavernícola dentro de nosotros, y que bajo ciertas condiciones de mucha tensión este cavernícola se manifiesta y nos quita el control. Les digo que para que sean útiles los caballos deben ser domados; un caballo domado es un caballo dócil, y al cerebro hay que enseñarle lo mismo, hay que enseñarle a ser dócil, lo que significa saber convivir, saber vivir con otros. Esto los ayuda a entender sus propias rabias también; y es un buen ejemplo para conversar sobre la violencia surgida en las manifestaciones, tanto desde los estudiantes como desde los carabineros.
- Hay que explicarles que no hay malos ni buenos…
- Se les puede explicar que por una parte están los estudiantes, quienes en su mayoría se manifiestan de manera pacífica y entre ellos hay algunos pocos, con dificultades para reflexionar, a quienes se les manifiesta el “cavernícola”, y causan destrozos.
Los carabineros también son personas y están tratando de hacer su trabajo, que es mantener el orden; y se enfrentan a una situación que les produce mucha tensión. Si los niños tienden a ver a los carabineros como inclinados a hacer daño, hay que explicarles que al igual que los manifestantes, hay algunos que son reflexivos, mantienen la calma y ayudan a ordenar la situación, mientras que otros se descontrolan frente a esta situación de violencia y de piedras que vuelan, y se asustan y reaccionan violentamente. En estas situaciones de confrontación existe el riesgo de que a todos se les salga el cavernícola que llevan dentro.
“Esta es una maravillosa oportunidad para conversar con los niños sobre el conflicto y cómo enfrentarlo (concluye Amanda), para enseñarles a los niños que el conflicto puede ser algo muy positivo que ayuda a aprender, avanzar, conocerse. Resolver un conflicto es cambiar para bien”.
Cómo hablar de las movilizaciones con los adolescentes
Cuando se trata de adolescentes, en cambio, la estrategia debe ser diferente. “Esta avalancha contestataria de los adolescentes se produce en gran parte por el sistema educativo chileno que muy represivo”, acusa Amanda Céspedes. “A veces los profesores recurren a la descalificación, el recurso más usado por los adultos; entonces en este minuto lo interesante es que el profesor se pueda sentar a conversar con sus estudiantes y conocer cuáles son los temas que los inquietan. Yo sugeriría para empezar, permitir una catarsis, dejar a los niños que se desahoguen, dejarlos que levanten la voz y mantener la calma. Esta actividad puede durar 10 minutos. Luego proponerles una conversación sobre una lista de temas que ellos elijan, evitando imponer un tema en particular”.
El profesor, al igual que en un partido de futbol, debe establecer las reglas del juego.
Al respecto, una lista de los “permitidos” y “no permitidos” puede resultar útil. Todos deben estar de acuerdo en las reglas de esta conversación colectiva.
“Una vez que se establecen las reglas y cuando ellos ven que los respetan y que el profesor los escucha y valora su opinión (continúa Amanda), se abren y quieren conversar. Esta sola conversación en el marco de la sala de clases es muy sanadora, porque pone la discusión sobre la educación en un contexto donde al menos se hace un esfuerzo por escuchar al otro y reflexionar sobre mis propios sueños. Es muy importante tomar estas instancias para enseñarles el respeto y el valor del diálogo”.
