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Fracaso escolar tiene alta influencia en resultados de prueba PISA. Los mejores sistemas educativos del mundo evalúan a los escolares a comienzos de año, identifican a los que tienen problemas y les realizan reforzamiento y tutorías para ayudarlos a aprender”
Repitente. Una palabra que el 23,4% de los quinceañeros chilenos que dieron la prueba PISA 2009 cargaron sobre sus hombros al menos una vez durante su vida escolar. Una cifra que supera el 13% promedio de los países de la OCDE y que tiene altos costos educativos, sociales y económicos.
Un informe elaborado por la dirección de Educación de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), muestra que los países con mejores resultados en la prueba PISA 2009 (Finlandia, Corea, Japón, Noruega) tienen una tasa de repitencia similar o menor al 3%.
En la parte alta de esa tabla, con tasas cercanas al 40%, aparecen países como Brasil, Túnez y Uruguay, los que en ese test internacional tuvieron resultados más bajos que los de Chile.
"Sólo en teoría la repitencia es una solución, porque no puedes dejar pasar de curso a un escolar que no cumplió las metas de aprendizaje. Pero en la práctica no funciona y trae estigmas y sensación de fracaso para ese niño", apunta Guillermo Montt, especialista chileno que participó en la elaboración del informe completo de PISA y en el artículo enfocado en la reprobación.
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Un estudio de Juan Pablo Valenzuela, Alejandra Osses y Alejandro Sevilla, del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, mostró la fuerte influencia de la tasa de repitencia en los resultados educacionales: un tercio del aumento de 40 puntos que los estudiantes chilenos tuvieron en la prueba de lectura PISA (entre 2000 y 2009) se debe a una baja en el porcentaje de reprobación.
"Y nuestros cálculos dicen que sólo con reducir la tasa de repitencia al promedio de la OCDE se pueden subir 8 a 10 puntos en la prueba PISA", complementa Valenzuela.
Un desafío, concuerdan ambos, que Chile está en condiciones de afrontar ahora con la Subvención Preferencial Escolar.
"Para que los niños no repitan, lo primero es necesario que tengan acceso a una educación de calidad, aquella que asegura que van a aprender en la sala de clases", explica Montt.
Los sistemas educativos más efectivos, agrega, "identifican tempranamente a los estudiantes que tienen alguna dificultad para aprender y así, en vez de esperar hasta mitad o fin de año, los ayudan desde un inicio y logran que aprendan".
Y eso es porque, para esos sistemas, "que un niño no aprenda no es un fracaso del niño o de la familia, es del sistema escolar", agrega Juan Pablo Valenzuela.
Malva Villalón, psicóloga educacional y académica de la Universidad Católica, complementa lo anterior: "El niño que no aprende en clases no necesita que le digan las cosas de nuevo y de la misma forma. Necesita que se las enseñen con otra estrategia y con otros apoyos".
Esa ayuda, agrega, pueden brindarla no sólo docentes u otros profesionales, sino también compañeros de curso o colegio con buenos rendimientos. El plan de ayuda, además, debe incluir a la familia, que debe saber tempranamente qué pasa con su hijo o hija.
"La escuela es y debe hacerse responsable de que todos los niños aprendan. Para eso debe hacer reforzamiento, debe haber acompañamiento y, a nivel más general, debe haber una mayor difusión de las buenas prácticas pedagógicas", concluye Juan Pablo Valenzuela.
Últimos datosLos últimos antecedentes oficiales disponibles sobre repitencia son de 2009. Ese año, 186 mil escolares reprobaron curso en Chile, según datos del Mineduc. Es decir, el 5,7% del total de alumnos que cursaron estudios básicos o secundarios en el país.
La mayoría de ellos eran estudiantes de colegios municipales: 94 mil 818 niños. De colegios subvencionados reprobaron de curso 83 mil estudiantes y en los particulares hubo 3.480 repitentes.
Juan Pablo Valenzuela, del CIAE, explica que estas cifras no hacen más que probar algo ya sabido: quienes más reprueban son los niños vulnerables.
"Un estudio belga mostró que la repitencia es la variable más inequitativa, incluso más que la segregación. Porque los países la usan no para disminuir la brecha de conocimiento, sino que al revés: los niños quedan relativamente abandonados a su suerte y arrastran esa desventaja sistemáticamente", concluye el investigador.
