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Iniciativa impulsada por la Junji sumará ocho establecimientos de aquí a 2010, y busca promover desde la temprana infancia el conocimiento y respeto hacia los pueblos originarios.
Al principio, cuando la tía les pide entonar la canción de la familia, parece un grupo de niños como el de cualquier otro jardín infantil. "La fa-mi-lia, la fa-mi-lia?", cantan siguiendo la clásica melodía de "Las manitos" o "Fray Jacobo". Pero de improviso, todo cambia: en vez de "la ma-má, el pa-pá", los pequeños siguen cantando "matu'a vahine, matu'a tane, atariki, hangu potu, poki tane, poki tane".
Pese a la fluidez con que se oye el rapanuí, la escena no ocurre en Isla de Pascua, sino en pleno Maipú. Es una muestra del trabajo que ahí está haciendo uno de los dos jardines infantiles interculturales que se abrieron en mayo en la Región Metropolitana (el otro está en Macul).
Se trata de un proyecto conjunto entre la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y las municipalidades, que tiene como meta levantar, de aquí al próximo año, ocho centros de este tipo en la capital. Sólo en infraestructura, cada uno implica una inversión promedio de 150 millones de pesos.
La idea, explica la directora del jardín de Maipú, Digna Zambrano, es que los niños "aprendan a conocer y respetar a las demás culturas y que conozcan mejor su historia e identidad, sean o no descendientes de indígenas". De hecho, de los primeros 68 pequeños que atiende este centro, sólo el 10% pertenece a etnias originarias.
"Esperamos sacar experiencias de interculturalidad de este centro para replicar en otros jardines", afirma el alcalde, Alberto Undurraga.
Las diferencias principales de estos jardines con los convencionales son dos. Una es que el currículum que aplican enfatiza el valor de la interculturalidad. Las educadoras ocupan vocabulario mapuche, aimara y pascuense con los niños, les leen cuentos de esas culturas, reviven ceremonias, etc. "Esto implica una capacitación específica y también material didáctico diferente", cuenta Guida Rojas, directora metropolitana de la Junji.
La segunda diferencia es la arquitectura. El jardín de Maipú está lleno de símbolos: su forma simula una ruca, el techo está inspirado en las balsas pascuenses, en su patio está representada la cruz de Chacana de los aimaras. "Es una forma de acercar la cosmovisión de estos pueblos a los niños desde el inicio de la infancia", dice Andrea Manqui, encargada de Cultura y Educación de la Conadi en Santiago.
Fuente: www.elmercurio.cl
