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De la broma, a la humillación. De la humillación a la reprobación. Los abusos de un profesor parecen quedar sin sanción. Su posición jerárquica prevalece a la hora de las acusaciones, sin que las regulaciones operen."
"Me trataba despectivamente, de negra, india, se burlaba de mi ropa. Cuando quedé embarazada y hablaba del pecado original, me ponía de ejemplo humillándome delante de todos. Si llegábamos tarde, dejaba entrar al resto y no a mí. Y un semestre tuve que rendir dos ramos con él, y estuve con licencia. Cuando volví me fijó cuatro certámenes en un día. Obviamente, me fue mal". El relato es de una estudiante universitaria que prefiere reservar su identidad por temor a represalias. La ley del profesor la vivieron varios compañeros. Incluso, uno cuenta que prefería faltar a clases por lo estresante del ramo: reprobó por asistencia.
Aunque este tipo de presión no está tipificada legalmente, se puede hablar de acoso en el aula , pero no se relaciona con el mobbing (acoso laboral). Sí tiene que ver más con el bullying (acoso escolar), aunque éste último implica violencia física y es entre compañeros.
Para Pablo Valdivieso, sicólogo del Observatorio de Políticas Educativas de la Universidad de Chile (Opech), "el tema existe, pero hay que diferenciar entre las bromas sin mala intención, la violencia sicológica y el acoso".
¿Cuál es el límite entre uno y el otro? Según Valdivieso, "la intencionalidad, la relación entre el profesor y el alumno y las consecuencias". Dependiendo de esto, una misma palabra puede ser recibida con humor, o bien, tomada como una ofensa.
Carlos (nombre ficticio) tenía un profesor al que consideraba un "loco simpático", que dibujaba figuras obscenas en el pizarrón que le sacaban carcajadas. Un día, el docente excedió el límite de lo permitido. El estudiante llegó sin un trabajo a clases y el profesor le dijo: "Inventa una mentira buena o te pongo un uno, aunque no tenga nota esta ‘hueá’", relata. "Mientras me humillaba delante del curso, se agarró los genitales preguntándome si yo pensaba que él era ‘hueón’. Yo estaba muy nervioso y con rabia. A otra compañera le dijo que era una puta y que por andar puteando no había hecho el trabajo".
"Excluir intencionalmente a un estudiante o no permitirle participar", es otra forma de violencia, explica Valdivieso. "Si este acto es sistemático y permanente, entonces podemos llamarlo acoso", agrega. El mismo Carlos cuenta que los problemas con el académico continuaron, porque tenían clases durante ocho semestres con él. "Nos amenazaba constantemente, con que si le decíamos a alguien lo que pasaba en la sala, nos haría el resto de la carrera imposible", señala.
Para Valdivieso, cuando las humillaciones son públicas, la única forma de abordarlas es organizándose como curso y poniendo a las autoridades universitarias en conocimiento del caso, para que investiguen y tomen cartas en el asunto, una fórmula que no siempre funciona. Según la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Feucsc), han recibido varias quejas por un profesor que -según cuentan los alumnos- se burla de ellos en clases, amenaza con reprobarlos de antemano y evalúa respuestas idénticas con puntajes distintos. Se lo han hecho saber a las autoridades de la universidad, que siempre lo escudan señalando que "no hay antecedentes suficientes", explica Pamela Sandoval, presidenta de dicha federación.
El mecanismo que debería operar en este caso es la evaluación docente, pero según explica Sandoval, "todos saben que él es mal evaluado año a año y aun así sigue haciendo clases".
Otra herramienta que debería operar en estos casos, para asegurar imparcialidad, es la pauta de evaluación. Pero los estudiantes alegan que muchos profesores no la utilizan, y en algunos casos incluso se niegan a permitirles revisar sus pruebas.
A diferencia del bullying, el acoso en el aula se da entre jóvenes y adultos, por lo que a muchos les cuesta creer que los universitarios no puedan enfrentar a un profesor o exigirles a los superiores que tomen cartas en el asunto.
Por eso, la universidad debería intervenir, asegura el asesor del senador Alejandro Navarro (quien confeccionó un proyecto de ley para sancionar el bullyng), Ariel León: "No hay todavía una Superntendencia de Educación para fiscalizar, pero hay instrumentos universitarios. Si son de universidades estatales, tienen que recurrir a la instancia jerárquica superior del infractor. Si no, se puede pedir a la Contraloría General de la República a que conmine al funcionario encargado a que fiscalice la denuncia".
En el caso de las universidades privadas, León agrega que "no hay muchas facultades de parte del Estado para intervenir, salvo la demanda judicial, por tratarse de una infracción al contrato de aprendizaje, el cual implica una protección a la integridad sicológica del estudiante".
Un conocido caso de violencia sicológica contra los alumnos es el de Freddy Villalobos, profesor de historia del Instituto Superior de Comercio Jerardo Muñoz Campos de Antofagasta, que fue grabado mientras humillaba a una alumna: “Sabís qué niñita, no tenís idea, no tenís educación, no tenís salud... Le sacái plata al Estado y más encima tenís un hijo (…) Y lo peor de todo es que ni siquiera te dai cuenta de la condición miserable en la que estái”, le señaló, diálogo grabado por el celular de un compañero.
La estudiante terminó llorando y debido a la difusión del audio por internet, el profesor fue expulsado de la institución. El docente declaró posteriormente ante los medios que “cometí un error, pero no quiero adoptar una posición en donde en el fondo deba ser estigmatizado y, perdóneme lo que le voy a decir, crucificado”.
Un caso opuesto es el de los videos del profesor Ceballos del Instituto Nacional. A pesar de los insultos y las pérdidas de paciencia, que quedan evidenciados en YouTube, los alumnos parecen no sentirse intimidados por esta actitud, sino más bien les hace “gracia” su forma de tratarlos.
Según el presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, los alumnos tienen instancias a las que recurrir. Primero, acudir a las autoridades de la escuela, luego a las provinciales de educación, y finalmente, se puede informar al Colegio de Profesores para que sancione mediante el Tribunal de Ética.
Fuente: www.elmercurio.cl
