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  La enseñanza en ambientes informales permite a los escolares entender muchos fenómenos que en la pizarra parecen demasiado complejos. En Chile, científicos y colegios ya practican los beneficios de esta forma complementaria de educar."

Reporte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos: Aprendizaje de las ciencias se vuelve más efectivo cuando se saca de la sala de clases

Chile tiene todo lo necesario para que sus habitantes puedan acercarse a las ciencias de manera entretenida: una cordillera joven donde abundan los fósiles y un litoral con una amplia gama de flora y fauna. Con semejante privilegio, sólo resta hacerle caso a la Academia de Ciencias de Estados Unidos y su último reporte, "Enseñanza de las ciencias en medioambientes informales: gente, lugares y actividades".

La publicación postula que el aprendizaje de la Biología, la Física, la Química y la Matemática se torna más sencillo y efectivo cuando se sale de la sala de clases y se recurre a lugares y situaciones informales.

"El aprendizaje sofisticado de la ciencia puede ocurrir a través de procesos individuales y sociales (leyendo textos científicos y mirando televisión educativa) o asociándose a actividades o hobbies científicos, como clubes de astronomía amateurs, ligas de construcción de robots y grupos de conservación", dice el reporte.

Las visitas a museos, zoológicos, acuarios y centros de vida natural también colaboran en este propósito, porque el aprendizaje en estos sitios implica el desarrollo de actitudes, emociones e identidades positivas en torno a la ciencia.

Por ejemplo, sigue el documento, "hay aspectos básicos de la vida diaria de niños y adultos que se asocian a ideas científicas, como el drenaje de la tina de baño, el balanceo de una cuerda o la curva que hace una bola lanzada por un beisbolista". Por eso, postulan, los profesores deberían aprovechar estas experiencias para "enmarcar la ciencia en contextos que son relevantes para los alumnos".

Experiencias de vida

Una tarea nada trivial advierte desde París Beatriz Macedo, experta de la Unesco. "Ya lo dijo la Conferencia Mundial de la Ciencia en 1999: 'Para que un país esté en condiciones de atender a las necesidades fundamentales de su población, la enseñanza de las ciencias y de la tecnología es un imperativo estratégico'", afirma.

De hecho, agrega la especialista, la enseñanza de la ciencia en los centros educativos debe cambiar "radicalmente", y enfocarse en mostrarla ligada a los problemas de las personas, a sus contextos culturales y sociales.

En Chile, ya hay personas haciendo esa transformación. Pablo Quilodrán, arqueólogo y divulgador científico, dicta junto a otros profesionales un taller (ver recuadro) cuya última convocatoria tuvo a 600 personas de todas las edades tratando de entrar a una sala para 90.

"Lo que necesitamos para enseñar ciencia es asombrar al niño, hay que enseñarle a observar", dice Quilodrán, quien desde hace varios años realiza un viaje a Lo Valdés, en el Cajón del Maipo, junto a alumnos de 7« básico del Colegio Alemán de Santiago. Ahí buscan fósiles, observan las características morfológicas de la cordillera, entienden los temblores que los asustan y pueden observar flora y fauna autóctona. Y eso les sirve de complemento a lo que aprenden en la sala de clases.

"La salida a Lo Valdés la hemos evaluado y re-evaluado antes de seguir realizándola, y lo que nos refuerza a repetirla son los resultados que observamos", comenta Maite Camus, profesora del Departamento de Ciencias Sociales del colegio.

"Vemos a los alumnos muy motivados, y ellos mismos cuentan que por fin pudieron relacionar la materia o entender lo que la profesora decía en clases".

Otro colegio donde realizan salidas a terreno es el Francisco de Asís. Alfredo Ugarte, ingeniero agrónomo, entomólogo y conocido como "el bichólogo" por sus programas de TV, cuenta que esos viajes se efectúan en kínder, 3º, 6º básico y 2º medio, y son a la Reserva Nacional Río Clarillo. "Los niños aprenden a jugar con claves científicas, clasifican plantas, insectos y aves. Aprenden ciencia, esta maravilla que es tan abstracta en el aula", dice.

En el Museo Interactivo Mirador hacen la misma propuesta: "Que los estudiantes vayan construyendo conocimiento a partir de la experiencia real y concreta, participativa y vivencial", dice Luz Marina Lindegaard, subdirectora de Educación del MIM.

Al alcance de todos

Quienes tienen un interés especial por las ciencias cuentan con una variada oferta de guías y talleres. En el Museo de Historia Natural, Pablo Quilodrán y su equipo realizan el taller "Crónicas de la Vida Antigua", que es posible que este año se traslade a la Biblioteca de Santiago. Este taller incluye clases expositivas y visitas a sitios paleontológicos importantes.

Además, el equipo ofrece a colegios o grupos interesados viajes a estos lugares en la zona central. Para más datos, escribir a educacionenterreno@gmail.com.

Alfredo Ugarte, en tanto, tiene la franquicia de Ciencia Divertida ( www.cienciadivertida.com), que comprende 150 talleres para desarrollar como complemento de las clases teóricas. Además, junto con otros profesionales y el Colegio Francisco de Asís, elaboró tres guías que permiten observar con ojos de científicos los parques nacionales de Nahuelbuta y Pan de Azúcar, y la Reserva Nacional de Río Clarillo.

"438 puntos lograron los alumnos chilenos en la última prueba PISA de Ciencias, que realiza la OCDE, una organización que reúne a las 30 economías más desarrolladas del mundo. Ese nivel es 62 puntos inferior a la media de los países de la OCDE".

CLAVES DEL INFORME

  • Aprendizajes

    El 81,5% de los aprendizajes que tienen los niños de 1° básico a 4° medio ocurren fuera de la escuela, según un diagrama de Reed Stevens y John Bransford, que cita el reporte de la Academia de Ciencias de Estados Unidos. Sólo el 18,5% restante se produce dentro del aula escolar.
  • Evidencia

    Los estudios revisados por los editores del reporte sugieren que los programas fuera del horario de colegio pueden "hacer una contribución importante al entendimiento de conceptos matemáticos y científicos de los estudiantes, así como a su habilidad para pensar científicamente y usar las herramientas de las ciencias".
  • Cultura

    Mitos, narraciones folclóricas y leyendas pueden servir como base para la investigación científica. De hecho, dice el reporte, diversas investigaciones muestran que los niños criados en comunidades rurales son capaces de dar explicaciones sofisticadas a fenómenos naturales, que los niños urbanos no son capaces de formular.

Fuente: www.elmercurio.cl

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